UPyD Y LOS TRAMPANTOJOS

“Encomendándose de todo corazón a su señora Dulcinea, pidiéndole que en tal trance le socorriese, bien cubierto de su rodela, con la lanza en ristre, arremetió a todo el galope de Rocinante, y embistió con el primer molino que estaba delante; y dándole una lanzada en el aspa, la volvió el viento con tanta furia, que hizo la lanza pedazos, llevándose tras sí al caballo y al caballero, que fue rodando muy maltrecho por el campo.”

Si Platón hubiera vivido en el s. XXI nos hubiera hablado del trampantojo de la caverna, en lugar del mito, dado que la realidad social que vivimos se nos presenta en su totalidad como un gran trampantojo por medio del cual un enorme colectivo de ciudadanos, encadenados de cuello y piernas desde su nacimiento por un engranaje mediático-político que sobrepasa a cualquier pretendido cambio de poder o devenir ideológico, generalmente conocido como “stablishment” pero que el filósofo griego calificó como “farsantes prestigiosos”, proyecta sobre el fondo de nuestras conciencias imágenes que son reflejo ensombrecido de lo que éstos pretenden que confundamos con una realidad que dista mucho de ser la que nos ofrecen.

Mito de la caverna

La existencia de aquellos dos mundos, el sensible – de las apariencias – y el verdadero – de las ideas – es perceptible a cualquiera que se proponga cultivar un tanto de perspicacia y dar un repaso al panorama socio-político en que nos estamos desenrollando (que no desarrollando).

A poco que estemos dispuestos a pararnos a pensar sobre esta realidad, que no verdad, social en la que nos desenvolvemos, podremos comprobar que el trampantojo de la caverna de Platón está hoy más alejado que nunca de tratarse de un mito.

Si queremos seguir refrescando la continuidad del relato de “La República” veremos que alguien que proviene del mundo de las verdaderas ideas, trata de conseguir la liberación de aquellos que permanecen en el interior del de las sombras y el adoctrinamiento. En España este intento ha sido llevado a cabo en los últimos ocho años por un efímero partido político que hoy parece haber quedado postergado al más ruin de los ostracismos, al que no creo necesario identificar pero del que no quiero pasar por encima sin nombrarlo: UPyD.

A algunos de los que permanecíamos en el interior del mundo de las sensaciones y de las sombras nos deslumbró la luz que este conjunto de personas, de ciudadanos, nos mostró en sus innumerables intentos de hacernos llegar al mundo de las ideas. Platón no se equivocó cuando afirmó que esta labor, esa escapada al exterior de la caverna que simboliza la transición hacia el mundo real, el acceso a un nivel superior de conocimiento era labor de los sabios, de los filósofos. En esta realidad nuestra hemos podido disponer de la iluminación y magisterio de Fernando Savater.

Pero este intento, se nos advierte por el griego, viene acompañado por un camino complicado. Conseguir llegar a este mundo real (verdad) es difícil ya que representa el paso de lo sensible a lo inteligible. Lo sucedido en los últimos tiempos en España no hace más que adverar lo atinado del análisis de Platón. Pero ¿qué tiene de malo saber la verdad que a tan pocos interesa conocer? Nada en absoluto, salvo que le puede llevar a uno a darse cuenta de que vive engañado y ponerle en la tesitura de decidir si quiere seguir estándolo o no. Es triste, pero es así.

Es cierto. Ha sido un intento platónico en el más puro sentido alegórico del término, ha sido el viaje a Ítaca de Kavafis, tantas veces nombrado por Rosa Díez. Platón ya advirtió que el regreso al mundo de las sombras de los que habían sido deslumbrados por la luz, con la ayuda de los hombres sabios, el retorno a la caverna de los que han visto el sol y alcanzado la verdad, no echarán de menos su vida anterior ni los honores disfrutados, pero al pasar de la luz a la oscuridad tardarán en acostumbrarse a la penumbra y los que todavía permanecen en las sombras creerán que salir a la luz conlleva que se estropeen los ojos por cuanto no merece la pena la ascensión. El sabio que ha salido de las tinieblas debe ayudar a sus compatriotas. Las tinieblas representan una existencia en la que sólo se concede valor a lo sensible. En el ámbito social y político las tinieblas representan la manipulación de la opinión pública, que se basa en la persuasión mediante lo aparente y no mediante lo real, que es más difícil de comprender.

D los molinosPues bien, ¿Hasta qué punto toda esta metáfora ha cobrado carta de naturaleza en UPyD? Pues hasta el punto de que en un desmesurado afán de ayudar a los menguados a ver la luz e intentar hacerlos salir de su trampantojo, se inicia el cervantino mito de la lucha contra los “molinos de viento”, pero que en este caso, como advierte el filósofo griego, “no es extraño que se muestre torpe al discutir en los tribunales o en otro lugar, sobre la apariencia de lo justo”, cuando él conoce la Justicia en sí. A sabiendas en realidad de que se trata de molinos de viento, no se duda en arremeter, lanza en ristre, a todo el galope de Rocinante, contra el primer molino que estaba delante, y después a otro, y luego a más. Hasta que de repente “dándole una lanzada en el aspa, la volvió el viento con tanta furia, que hizo la lanza pedazos, llevándose tras sí al caballo y al caballero, que fue rodando muy maltrecho por el campo.”

Y es que en esta ocasión eran en realidad gigantes y no molinos de viento.

Joel Heraklión Silesio.

Reescribiendo la historia [desde el catalanismo, para ser +]

“No creo que los valencianos puedan encontrar la solución a sus problemas convirtiéndose en catalanes de segunda. Tratar de catalanizar Valencia solo puede basarse en un desconocimiento tremendo de la historia de ambas regiones.” ANTONIO URBIETO

El Quicio de la Mancebía [EQM]

.

llibre del repatiment de VàlenciaLlibre del Repartiment del Regne de Válencia [Libro registro de las donaciones (reparto) del Reino de Valencia; s. 1239-1270]. Detalle de las tachaduras llevadas a cabo por Próspero de Bofarull i Mascaró [España, 1777-1859], archivero y director catalán del Archivo General de la Corona de Aragón entre 1814-1840 y 1844-1849. El libro es custodiado por tal Archivo, que se encuentra ubicado en Barcelona y es regido, desde 2007, por un Patronato formado por el Gobierno de España y de las CCAA de CataluñaAragónValencia y Baleares.

.

Llibre del Repartiment del Regne de Válencia[Donationum regni Valentie]

Se trata de un libro de registro del siglo XIII [s. 1237-1252] donde los escribas del rey Jaime I de Aragón anotaban las promesas de donación de propiedades cuando se terminara la conquista de Valencia. El registro se inicia en julio de 1237 y termina en junio…

Ver la entrada original 5.348 palabras más

EN BUSCA DE LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN

El hombre nace libre, pero en todas partes está encadenado.(Jean-Jacques Rousseau)

 

La libertad implica un permanente ejercicio de la capacidad de optar, es mantener siempre la aptitud para elegir entre varias posibilidades. Aquello que permite a alguien decidir si quiere hacer algo o no, lo hace libre, pero también responsable de sus actos en la medida en que comprenda las consecuencias que de ellos se derivan.

Le concepto de libertad es la matriz de donde se derivan los demás subproductos parciales, como la libertad de conciencia, también denominada libertad intelectual, la libertad de expresión, la libertad de prensa o de imprenta. Todas estas acepciones afectan al individuo como tal, pero siempre mantienen una especial referencia a la interacción de ese individuo y la sociedad, ya sea en su conjunto o en relación a un determinado grupo social más o menos reducido o identificado.

Declaración de los Derechos Humanos - Texto en español

Declaración de los Derechos Humanos – Texto en español

El derecho a la libertad de expresión es definido como un medio para “la libre difusión de las ideas” y así fue concebido durante la Ilustración y desde la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 se constituyó en derecho fundamental recogido en el artículo 19.º de aquella. Pero conviene destacar que no constituye un derecho omnímodo e ilimitado, la ofensa y el daño a otro individuo constituye sin duda su más indiscutida limitación.

Ricardo Yepes Stork, ([1]) afirma que “Yo no soy libre de tener una determinada constitución biopsicológica, ni de nacer en un determinado momento histórico o en cierta región, pero sí soy libre de asumirla o no en mi proyecto biográfico. Imaginarse una libertad pura, carente de estas condiciones, sin limitación, es una utopía; una libertad así sencillamente no existe, pues todos estamos determinados inicialmente en nuestras decisiones por la situación que vivimos y por el tiempo en que hemos nacido

Para algunos filósofos, como Rousseau, la libertad es inherente a la humanidad y constituye la facultad o capacidad de conciencia del individuo para pensar y obrar según la propia voluntad, pero sin olvidar que todas las interacciones sociales con posterioridad al nacimiento implican una pérdida, voluntaria o no, de libertad.

Haciendo uso de mi propia libertad de conciencia, puedo afirmar que más allá del lugar de nacimiento o del tiempo en que hemos vivido o del grupo social en que nos estemos desarrollando, existen infinitas formas de encontrarnos día a día con limitaciones a nuestra libertad personal e individual, tantas cuantas opciones podamos adoptar en las innumerables encrucijadas ante las que nos encontramos casi a cada hora.

Si decido viajar en metro en lugar de utilizar mi automóvil, estoy limitando mi libertad de circulación a los itinerarios por los que me trasladará el transporte colectivo, pero si opto por usar mi automóvil, estaré limitando mi libertad de circulación por las aceras, jardines o lugares expresamente reservados a los peatones. No creo necesario insistir en más ejemplos de índole semejante para que el lector entienda perfectamente que cada vez que ejerzo una opción o tomo una determinada decisión, estoy cerrando las puertas a las demás opciones o posibilidades que mi libertad me ofrecía, estoy en definitiva limitando mi propia libertad.

El Genio de la Libertad (Dumont)

El Genio de la Libertad (Dumont)

Eso, que aparentemente parece tan claro y evidente, resulta en la práctica confuso y olvidado por quienes pretenden mantener el derecho a circular por un camino distinto al que han elegido enarbolando un concepto deformado de la libertad.

 La autolimitación de la libertad, que está más allá de la que se me pueda imponer por la norma legal o por quienes detentan parcelas concretas de poder, se puede ver claramente identificada en el hecho religioso. Cada persona en un momento de su vida puede plantearse su opción de conciencia, puede ser ateo o simplemente agnóstico pero si opta por ser cristiano resulta difícil de entender que pueda mantener sus convicciones ateas o agnósticas dentro de cualquiera de las opciones cristianas al uso, al igual que si un cristiano pone en duda la virginidad de María no parece coherente que pretenda permanecer en el catolicismo.

 En suma cuando tomamos la decisión de adscribirnos a un determinado grupo social cohesionado por sus creencias o ideologías, estamos de hecho reduciendo el espectro de opciones en el que mover nuestra libertad de expresión – que no de conciencia – ya que mi pensamiento puede desde luego contemplar convicciones que, circunstancial y puntualmente, disientan con parte de las que rijan en ese grupo social.

La cuestión se encrudece cuando pretendemos hacer prevalecer nuestra libertad de conciencia, a través de la de expresión, sobre las normas del colectivo. Esa es una crisis que entraña graves dificultades de discernimiento. Esta crisis se ve más claramente reflejada en política, cuando la persona opta por inscribirse en un determinado grupo o partido político.

Resulta evidente convenir que el militante en un partido no tiene porqué coincidir ideológicamente con todos los planteamientos o propuestas políticas de su organización, aunque sí que parece coherente que, al menos, debería coincidir en una inmensa mayoría de ellas, sobre todo en las más trascendentales o fundamentales.

Podríamos igualmente convenir que ese ejercicio de la libertad de expresión permite formular sus discrepancias dentro de la propia organización y dentro de los cauces que a tal efecto hayan establecido las normas por las que se rijan.

Podríamos también convenir que, en determinados contextos, tales discrepancias puedan mantenerse también fuera de los cauces anteriores pero, llegados a este punto, la crisis se puede agudizar si no se mantiene la prudencia y coherencia adecuada hasta el extremo de quebrar o traspasar los límites a que el propio individuo sometió su propia libertad personal cuando optó por inscribirse en él.

Porque, siguiendo con el uso de mi libertad de conciencia, mantengo que cuando fui libre de elegir, u optar, por una determinada opción política debí ser también responsable de las consecuencias que de tal decisión se derivan.

Mantengo igualmente que mi libertad de expresión debe quedar limitada en todo caso por la ofensa a otros individuos – o al grupo – y por el daño que se le pueda inferir a otro individuo – o al grupo – más allá de los cuales no parece legítimo llegar.

Joel Heraklión Silesio.

([1]) Ricardo Yepes Stork nació en Madrid el 8 de diciembre de 1953 y falleció el 26 de diciembre de 1996 en Huesca, a causa de un accidente de montaña. Fue un profesor universitario, un ensayista y un filósofo brillante que dirigió algunos empeños editoriales. Es autor también de varios libros de Filosofía y Antropología.

Selfie

Cuantos llevamos este selfi dentro, en silencio.

Artículos de saldo / Jaime Poncela

Me aburren los obreros de derechas, las feministas armadas todo el tiempo con tijeras de capar, los homófobos fascistoides y todos los demás. Me hartan los hinchas futboleros descerebrados, los borrachos faltones, los que se pasan de listos con los borrachos, los tenores de chigre que imparten lecciones de cualquier cosa, los que tratan de robarte el periódico en los bares, los que van de chanclas con las uñas llenas de mierda, los que emplean constantemente el verbo “releer” aunque no hayan leído nada, los tipos que nunca se duchan, los que usan las redes sociales sin foto y con nombres falsos para insultar a saco, los matrimonios que se llaman “papi” y “mami”, esos machistas babosos y cansinos, la progresía de Marx en la estantería y segunda residencia en el campo. Me cansan los que siempre viven mejor estando en contra de algo, los que reparten certificados de moralidad…

Ver la entrada original 288 palabras más

RESUCITAR A MONTESQUIEU

Durante muchos años Alfonso Guerra no desmintió haber sido el autor de la ya célebre frase “Montesquieu ha muerto”, que desde la promulgación de la Ley del Poder Judicial de 1985 se le vino atribuyendo, hasta que en su libro “Dejando atrás los vientos: Memorias 1982-1991” lo negó con estas palabras: “Maticé que la separación de poderes comprende al poder legislativo, judicial y ejecutivo, pero que en la época de Montesquieu no había siquiera posibilidad de concebir un tribunal de garantías constitucionales, pues su muerte se produce muchos años antes del desarrollo del derecho constitucional”. En el contexto del propio libro manifestó que esta frase había sido malinterpretada por algunos periodistas para, desde ella, obtener el titular que desde la aprobación de la primera Ley postconstitucional del aborto de 1985 (Ley Orgánica 9/1985, aprobada el 5 de julio) hasta la publicación de su libro se le había atribuido, desviando así la atención hacia una norma distinta de la que le dio la opción para pronunciarla.

 Hoy resulta indiferente tanto el hecho de no haberla desmentido antes, para favorecer quizá su propia popularidad mediática ya muy pronunciada, como el de haberla negado en sus memorias, quizá también para provocar un efecto márquetin que incrementara sus ventas.

 Y digo que resulta indiferente porque, de facto, en el sistema constitucional español tanto algunas asociaciones de jueces como algún partido político, en especial UPYD, han denunciado y mantenido la falta de independencia tanto del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) como de los dos máximos tribunales de él dependientes, el Tribunal Supremo y el Constitucional, por lo que cabe convenir que la metafórica frase de la defunción montesquietana atribuida a Guerra se ha convertido en una realidad jurídico-constitucional del Estado español actual.

Efectivamente; esta situación, que en estos tiempos resulta ya innegable, deviene paradójica cuando observamos que el principio de la separación de poderes se ha visto desvirtuado también en el funcionamiento interior de los partidos políticos. Allá cada cual con su cada cuala, pero a mí me interesa especialmente uno, UPYD, actualmente sujeto a un proceso de reorganización interna con el objetivo de reconducirlo a un resurgimiento externo tan necesario, por imprescindible, en el panorama político actual.

Hace algún tiempo, durante un proceso de elecciones internas a un nuevo Consejo de Direccción, hubo en liza cuatro candidaturas que pretendieron asumir sus funciones cada una de ellas con planteamientos dispares en muchos puntos y confluyentes en otros, dentro de una amalgama de propuestas que hizo muy difícil la confluencia, al menos, de algunas de ellas.

Pero yo quiero resaltar aquí un hecho que debería tenerse en cuenta, un hecho que en los pasados procesos internos de constitución de órganos de gestión y en los de primarias a listas autonómicas ha sido característico de la Comunidad Valenciana, aunque quizá haya proliferado este hecho en otras autonomías, como así se ha comentado, empero carezco de los datos puntuales para afirmarlo con rotundidad.

Lo cierto es que hay un sentimiento muy generalizado entre gran parte de la militancia de base de institucionalizar esta división de poderes en los propios órganos internos, es decir hay un sentimiento muy acusado de “resucitar a Montesquieu”.

Sin citar nombres voy a relatar estos hechos reales en el ámbito de la Comunidad Valenciana a la que yo pertenezco. En febrero de 2014 se celebraron elecciones al Consejo Territorial de la Comunidad Valenciana a la que concurrieron tres candidaturas. Dos de ellas, más potentes en razón de los resultados, las voy a identificar como candidaturas A y B. Como he advertido no voy a citar nombres, aunque los medios de comunicación los airearon suficientemente.

Una de ellas, digamos la A, incluyó en su formación a un militante muy mediático que pretendía, como así lo dijo en todos los actos de su campaña, controlar el Consejo Territorial para garantizarse la composición de las listas electorales en los siguientes comicios, los autonómicos de 2015. La otra, la B, pretendía lograr el triunfo para, al menos en teoría, dejar en libertad a las bases para tomar tales decisiones.

Resultado, venció la lista B claramente, lo que significó – si hacemos una interpretación de la voluntad de los votantes – que no deseaban un Consejo Territorial “controlador” de las listas electorales.

Pero he aquí que, cuando llegaron las primarias para 2015, el militante mediático que perdió en su candidatura al Consejo Local, ganó las primarias internas a cabeza de lista de las autonómicas, mientras el candidato del Consejo Territorial – el propio Coordinador que venció en las elecciones orgánicas – perdió en estas últimas.

Mensaje claro del electorado: separación de poderes entre los órganos internos del partido y los órganos institucionales que accedan a los comicios.

montesquieu2Esta opción, no siempre compartida por todas las candidaturas, debería ser tenida muy en cuenta por los delegados del próximo III Congreso nacional, analizando con detenimiento cuales son las opciones que cada candidatua ofrece.

Resucitemos metafóricamente a Montesquieu cuanto antes, comenzando por los propios partidos políticos.

Joel Heraklión Silesio