Vírgenes en política

En la antigua Roma, la de los péplum de tradicional visionado en Semana Santa en las cadenas televisivas, la diosa VESTA lo era de la tierra del fuego y del humo.

Para los romanos la llama eterna que ardía en su Templo, según Dionisio de Halicarnaso, estaba tan íntimamente vinculada al destino y fortuna de la propia Roma que su extinción pronosticaba un funesto desastre. Para evitar que esto ocurriera las vírgenes vestales servían durante treinta años en el Templo con la misión de cuidar la llama y mantenerla siempre viva y por analogía tenían puestos los cinco sentidos, a través del fuego que cada año se renovaba en las calendas de marzo, en el alma de la ciudad y en su cuerpo político.

Los mitos de aquellas religiones secundarias, tras la superación de las primarias de los templos rupestres, suponen en su mayoría verdaderas parábolas de la vida mediante la narración de sucesos fabulosos o fabulados de los que se puede deducir, por comparación o semejanza, verdades importantes o normas de comportamiento ético.

Diversos acontecimientos en la política española se han venido sucediendo en los últimos años, altamente inquietantes, que ponen de manifiesto la situación de riesgo del futuro y fortuna de este país. Su continuidad como unidad territorial está ciertamente amenazada con el auge de los nacionalismos identitarios de distinta índole y origen. El triunfo de éstos supone inevitablemente la destrucción del país entero, la destrucción de España, tal como la conocemos desde los tiempos del Emperador Carlos I. Si a esta deplorable situación añadimos la fulgurante aparición de los populismos amenazantes, el menú está servido.

Solo un partido político, que el 29 de septiembre de 2016 – fechas próximas a las que se publica este post – cumple nueve años de existencia, ha garantizado con solvencia la auténtica lucha contra el bipartidismo y la defensa a ultranza de la unidad territorial de España. Resulta inaudito que quienes pergeñan estrategias de soterrado calaje para mantener ese denostado bipartidismo sean precisamente los que, bajo el emblema de partido constitucionalista, se apoyen de forma sistemática en los nacionalistas, soberanistas e independentistas para, por un lado, mantener a flote su alternancia, y por otro, someter a ostracismo al único partido que con solvencia, insisto,logo-oficial-imagen-2015c ha garantizado y defendido el auténtico constitucionalismo y la verdadera unidad territorial de España. Es evidente que no es otro que UPYD y que por obvio no hubiese sido necesario identificarlo.

En estos momentos tan solo queda una llama que se mantiene encendida entre los que, contra viento y marea y resistiendo a múltiples tentaciones de transfuguismo, seguimos cual vírgenes vestales (dejémonos de falsos machismos, tan virgen es el hombre como la mujer antes de dejar de serlo por primera y única vez) tratando de conservar los pies en tierra, de continuar custodiando la llama sagrada avivando su fuego y procurando evitar que se disipe su humo, manteniéndonos vírgenes en política.

Somos los que tenemos la responsabilidad de seguir haciéndolo, si es preciso, durante veintiún años más para completar así el ciclo de las del Templo de Vesta.

Joel Heraklión Silesio.

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