Vírgenes en política

En la antigua Roma, la de los péplum de tradicional visionado en Semana Santa en las cadenas televisivas, la diosa VESTA lo era de la tierra del fuego y del humo.

Para los romanos la llama eterna que ardía en su Templo, según Dionisio de Halicarnaso, estaba tan íntimamente vinculada al destino y fortuna de la propia Roma que su extinción pronosticaba un funesto desastre. Para evitar que esto ocurriera las vírgenes vestales servían durante treinta años en el Templo con la misión de cuidar la llama y mantenerla siempre viva y por analogía tenían puestos los cinco sentidos, a través del fuego que cada año se renovaba en las calendas de marzo, en el alma de la ciudad y en su cuerpo político.

Los mitos de aquellas religiones secundarias, tras la superación de las primarias de los templos rupestres, suponen en su mayoría verdaderas parábolas de la vida mediante la narración de sucesos fabulosos o fabulados de los que se puede deducir, por comparación o semejanza, verdades importantes o normas de comportamiento ético.

Diversos acontecimientos en la política española se han venido sucediendo en los últimos años, altamente inquietantes, que ponen de manifiesto la situación de riesgo del futuro y fortuna de este país. Su continuidad como unidad territorial está ciertamente amenazada con el auge de los nacionalismos identitarios de distinta índole y origen. El triunfo de éstos supone inevitablemente la destrucción del país entero, la destrucción de España, tal como la conocemos desde los tiempos del Emperador Carlos I. Si a esta deplorable situación añadimos la fulgurante aparición de los populismos amenazantes, el menú está servido.

Solo un partido político, que el 29 de septiembre de 2016 – fechas próximas a las que se publica este post – cumple nueve años de existencia, ha garantizado con solvencia la auténtica lucha contra el bipartidismo y la defensa a ultranza de la unidad territorial de España. Resulta inaudito que quienes pergeñan estrategias de soterrado calaje para mantener ese denostado bipartidismo sean precisamente los que, bajo el emblema de partido constitucionalista, se apoyen de forma sistemática en los nacionalistas, soberanistas e independentistas para, por un lado, mantener a flote su alternancia, y por otro, someter a ostracismo al único partido que con solvencia, insisto,logo-oficial-imagen-2015c ha garantizado y defendido el auténtico constitucionalismo y la verdadera unidad territorial de España. Es evidente que no es otro que UPYD y que por obvio no hubiese sido necesario identificarlo.

En estos momentos tan solo queda una llama que se mantiene encendida entre los que, contra viento y marea y resistiendo a múltiples tentaciones de transfuguismo, seguimos cual vírgenes vestales (dejémonos de falsos machismos, tan virgen es el hombre como la mujer antes de dejar de serlo por primera y única vez) tratando de conservar los pies en tierra, de continuar custodiando la llama sagrada avivando su fuego y procurando evitar que se disipe su humo, manteniéndonos vírgenes en política.

Somos los que tenemos la responsabilidad de seguir haciéndolo, si es preciso, durante veintiún años más para completar así el ciclo de las del Templo de Vesta.

Joel Heraklión Silesio.

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ESTAR EN POLÍTICA O ENTRAR EN POLÍTICA

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En esta ocasión pretendo sincerarme con los que me conocen bien y desnudarme ante los que no me conocen tanto o ni siquiera me conocen.

A mediados del 2011 comenté con mi esposa la propuesta que me llegaba desde el partido de encabezar la lista a la alcaldía de mi municipio en las elecciones locales de aquel año. Su inmediata respuesta me dejó congelado, casi en estado catatónico:

  • Pues, voy a hablar con la emisora de radio del pueblo y proponer que te hagan una entrevista.

En ese momento me enfrenté por primera vez al vértigo de entrar en política. En mi vida profesional he hablado numerosas veces en público en distintos foros, he impartido charlas y conferencias, por lo que hacerlo una vez más no me creaba ninguna dificultad, pero otra cosa era pensar en el contenido de esa entrevista radiofónica como candidato por mi partido a la alcaldía municipal. Ese contenido sí me preocupaba, porque no iba a hablar en mi propio nombre sino en el del partido político que representaba.

Y es que hay quien “está” en política – como es mi caso – y quien “entra” en política que es el caso de otros.

Hacía tiempo que me dolía España:

– Los gobiernos autonómicos reclamaban cada vez más competencias generando profundas desigualdades entre los españoles de uno u otro territorio.

– Se generalizó la sentencia de “Montesquieu ha muerto”. Este “afeitado”, al más puro estilo taurino de los cincuenta, lo remató otra reforma judicial: los jueces perdían la facultad de decretar prisión provisional, prerrogativa que quedaba en manos del fiscal.

– Las Diputaciones provinciales se habían convertido en residencias para los familiares, amigos y adláteres de los partidos.

– El sistema electoral favorecía cada vez más a los grandes y éstos a su vez – aún siendo antagónicos – se protegían recíprocamente para mantener el “statu quo” impidiendo su modificación.

– La composición de las listas electorales dependía claramente de la obediencia debida a la dirección del partido y no de los méritos y cualidades de los susodichos.

– Los políticos condenados judicialmente por delitos cometidos en el ejercicio de su cargo eran sistemáticamente indultados.

Me dolía España, por éstas y por algunas otras situaciones similares que, por conocidas y corrompidas, no precisan de más puntualización.

Por ello decidí estar en política y por ello me afilié.  Me afilié porque en aquellos momentos, ya avanzado el año 2008, aquel partido naciente precisaba de toda la ayuda que cualquier ciudadano español, consciente de los desaguisados relatados, pudiera ofrecer. Pero tengo claro que una cosa es estar y otra “entrar” en política.

Hoy, en 2016, aunque volvemos a encontrarnos en una situación muy próxima a la de entonces, la realidad no es la misma. Nos hemos quedado sin representación en el Congreso, pero la mantenemos en el Parlamento Europeo, en una Comunidad Autónoma y en bastantes municipios. Por lo tanto en la actualidad no es precisamente la ayuda de “ciudadanos conscientes” lo que necesita este partido – que también – sino el rumbo y ritmo que se le imprima desde la nueva directiva nacional que se decidirá próximamente.

Aquí es donde pretendo exponer mis sensaciones y expresarlas a corazón abierto.

Lo único cierto es que el futuro del partido es incierto. Ya no se trata de un partido totalmente desconocido y nuevo, es una organización política que ha tenido representación en el Congreso nacional y en el parlamento europeo en dos legislaturas, que ha ocupado escaño en alguna autonomía, alcaldías en algunos municipios y concejalías en muchos, que ha pisado platós de televisión, salido en portadas de prensa y realizado entrevistas radiofónicas, en definitiva que ya no es un desconocido.

Y ¿quienes lo componen ahora? Quedamos unos pocos ilusionados con resurgir y entre los que quedamos hay de todo, como en la viña: hay personas capacitadas para responsabilizarse de la organización interna con eficacia, pero menos adecuadas para ser portavoces externos ante los medios y las instituciones; hay personas mejor capacitadas para afrontar la representación pública, con dotes oratorias y vena de liderazgo que, sin embargo, reducen su eficacia cuando tienen que desempeñar funciones de gestión, organización o administración interna. Una breve reflexión a este respecto: los portavoces que exhiben el partido al exterior deberían dedicarse a ello de pleno, sin que las labores de organización y administración interna les reste tiempo y eficacia, y viceversa, quienes llevan a su cargo las funciones de coordinación, organización y administración, no conviene que distraigan ni un minuto de su escaso tiempo para dedicarse a hablar en los medios y ocupar cargos en las instituciones.

Por último quedan algunos que tan solo aspiran a medrar, a “entrar” de lleno en la política a cualquier precio, intentando abrirse paso a codazos cada vez que detectan alguna fisura por la que infiltrarse en medio de los mejor preparados.

La próxima dirección nacional, el próximo Consejo de Dirección, va a tener una labor ardua, complicada y difícil, y al mismo tiempo peligrosa. No solo tendrá que ser capaz de construir un líder nacional que recupere la atención mediática y que sea capaz de transmitir los mensajes que permitan la recuperación del voto perdido, labor ardua, sino que ha de plantear un proyecto de partido que suponga una verdadera renovación, o refundación si se quiere, a través de una profunda reforma de los estatutos internos, cometido ciertamente complicado.

Pero además ha de tener la habilidad de crear los cauces necesarios para que, sin riesgo de la democracia interna, sea posible ofrecer a los más eficaces en organización su integración en los órganos correspondientes, a los que están dotados de capacidad de liderazgo en las portavocías publicas y lugares de representación institucional, todo ello sin que los agazapados tengan oportunidad de usurpar las posiciones de unos y otros, tarea este última no solo difícil sino peligrosa. Siempre lo dije y siempre me lo han oído decir mis compañeros más allegados: “Si el jefe de la empresa coloca al portero de secretario de dirección y al secretario de dirección de portero, ninguno de los dos funciona”.

Hoy lo tengo que decir abiertamente: mi continuidad en el partido, y quizá la de otros muchos compañeros, depende exclusivamente de cómo se encauce la nueva andadura. Pero para tomar la decisión final habrá que esperar al próximo Congreso nacional.

UPyD Y LOS TRAMPANTOJOS

“Encomendándose de todo corazón a su señora Dulcinea, pidiéndole que en tal trance le socorriese, bien cubierto de su rodela, con la lanza en ristre, arremetió a todo el galope de Rocinante, y embistió con el primer molino que estaba delante; y dándole una lanzada en el aspa, la volvió el viento con tanta furia, que hizo la lanza pedazos, llevándose tras sí al caballo y al caballero, que fue rodando muy maltrecho por el campo.”

Si Platón hubiera vivido en el s. XXI nos hubiera hablado del trampantojo de la caverna, en lugar del mito, dado que la realidad social que vivimos se nos presenta en su totalidad como un gran trampantojo por medio del cual un enorme colectivo de ciudadanos, encadenados de cuello y piernas desde su nacimiento por un engranaje mediático-político que sobrepasa a cualquier pretendido cambio de poder o devenir ideológico, generalmente conocido como “stablishment” pero que el filósofo griego calificó como “farsantes prestigiosos”, proyecta sobre el fondo de nuestras conciencias imágenes que son reflejo ensombrecido de lo que éstos pretenden que confundamos con una realidad que dista mucho de ser la que nos ofrecen.

Mito de la caverna

La existencia de aquellos dos mundos, el sensible – de las apariencias – y el verdadero – de las ideas – es perceptible a cualquiera que se proponga cultivar un tanto de perspicacia y dar un repaso al panorama socio-político en que nos estamos desenrollando (que no desarrollando).

A poco que estemos dispuestos a pararnos a pensar sobre esta realidad, que no verdad, social en la que nos desenvolvemos, podremos comprobar que el trampantojo de la caverna de Platón está hoy más alejado que nunca de tratarse de un mito.

Si queremos seguir refrescando la continuidad del relato de “La República” veremos que alguien que proviene del mundo de las verdaderas ideas, trata de conseguir la liberación de aquellos que permanecen en el interior del de las sombras y el adoctrinamiento. En España este intento ha sido llevado a cabo en los últimos ocho años por un efímero partido político que hoy parece haber quedado postergado al más ruin de los ostracismos, al que no creo necesario identificar pero del que no quiero pasar por encima sin nombrarlo: UPyD.

A algunos de los que permanecíamos en el interior del mundo de las sensaciones y de las sombras nos deslumbró la luz que este conjunto de personas, de ciudadanos, nos mostró en sus innumerables intentos de hacernos llegar al mundo de las ideas. Platón no se equivocó cuando afirmó que esta labor, esa escapada al exterior de la caverna que simboliza la transición hacia el mundo real, el acceso a un nivel superior de conocimiento era labor de los sabios, de los filósofos. En esta realidad nuestra hemos podido disponer de la iluminación y magisterio de Fernando Savater.

Pero este intento, se nos advierte por el griego, viene acompañado por un camino complicado. Conseguir llegar a este mundo real (verdad) es difícil ya que representa el paso de lo sensible a lo inteligible. Lo sucedido en los últimos tiempos en España no hace más que adverar lo atinado del análisis de Platón. Pero ¿qué tiene de malo saber la verdad que a tan pocos interesa conocer? Nada en absoluto, salvo que le puede llevar a uno a darse cuenta de que vive engañado y ponerle en la tesitura de decidir si quiere seguir estándolo o no. Es triste, pero es así.

Es cierto. Ha sido un intento platónico en el más puro sentido alegórico del término, ha sido el viaje a Ítaca de Kavafis, tantas veces nombrado por Rosa Díez. Platón ya advirtió que el regreso al mundo de las sombras de los que habían sido deslumbrados por la luz, con la ayuda de los hombres sabios, el retorno a la caverna de los que han visto el sol y alcanzado la verdad, no echarán de menos su vida anterior ni los honores disfrutados, pero al pasar de la luz a la oscuridad tardarán en acostumbrarse a la penumbra y los que todavía permanecen en las sombras creerán que salir a la luz conlleva que se estropeen los ojos por cuanto no merece la pena la ascensión. El sabio que ha salido de las tinieblas debe ayudar a sus compatriotas. Las tinieblas representan una existencia en la que sólo se concede valor a lo sensible. En el ámbito social y político las tinieblas representan la manipulación de la opinión pública, que se basa en la persuasión mediante lo aparente y no mediante lo real, que es más difícil de comprender.

D los molinosPues bien, ¿Hasta qué punto toda esta metáfora ha cobrado carta de naturaleza en UPyD? Pues hasta el punto de que en un desmesurado afán de ayudar a los menguados a ver la luz e intentar hacerlos salir de su trampantojo, se inicia el cervantino mito de la lucha contra los “molinos de viento”, pero que en este caso, como advierte el filósofo griego, “no es extraño que se muestre torpe al discutir en los tribunales o en otro lugar, sobre la apariencia de lo justo”, cuando él conoce la Justicia en sí. A sabiendas en realidad de que se trata de molinos de viento, no se duda en arremeter, lanza en ristre, a todo el galope de Rocinante, contra el primer molino que estaba delante, y después a otro, y luego a más. Hasta que de repente “dándole una lanzada en el aspa, la volvió el viento con tanta furia, que hizo la lanza pedazos, llevándose tras sí al caballo y al caballero, que fue rodando muy maltrecho por el campo.”

Y es que en esta ocasión eran en realidad gigantes y no molinos de viento.

Joel Heraklión Silesio.

EN BUSCA DE LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN

El hombre nace libre, pero en todas partes está encadenado.(Jean-Jacques Rousseau)

 

La libertad implica un permanente ejercicio de la capacidad de optar, es mantener siempre la aptitud para elegir entre varias posibilidades. Aquello que permite a alguien decidir si quiere hacer algo o no, lo hace libre, pero también responsable de sus actos en la medida en que comprenda las consecuencias que de ellos se derivan.

Le concepto de libertad es la matriz de donde se derivan los demás subproductos parciales, como la libertad de conciencia, también denominada libertad intelectual, la libertad de expresión, la libertad de prensa o de imprenta. Todas estas acepciones afectan al individuo como tal, pero siempre mantienen una especial referencia a la interacción de ese individuo y la sociedad, ya sea en su conjunto o en relación a un determinado grupo social más o menos reducido o identificado.

Declaración de los Derechos Humanos - Texto en español

Declaración de los Derechos Humanos – Texto en español

El derecho a la libertad de expresión es definido como un medio para “la libre difusión de las ideas” y así fue concebido durante la Ilustración y desde la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 se constituyó en derecho fundamental recogido en el artículo 19.º de aquella. Pero conviene destacar que no constituye un derecho omnímodo e ilimitado, la ofensa y el daño a otro individuo constituye sin duda su más indiscutida limitación.

Ricardo Yepes Stork, ([1]) afirma que “Yo no soy libre de tener una determinada constitución biopsicológica, ni de nacer en un determinado momento histórico o en cierta región, pero sí soy libre de asumirla o no en mi proyecto biográfico. Imaginarse una libertad pura, carente de estas condiciones, sin limitación, es una utopía; una libertad así sencillamente no existe, pues todos estamos determinados inicialmente en nuestras decisiones por la situación que vivimos y por el tiempo en que hemos nacido

Para algunos filósofos, como Rousseau, la libertad es inherente a la humanidad y constituye la facultad o capacidad de conciencia del individuo para pensar y obrar según la propia voluntad, pero sin olvidar que todas las interacciones sociales con posterioridad al nacimiento implican una pérdida, voluntaria o no, de libertad.

Haciendo uso de mi propia libertad de conciencia, puedo afirmar que más allá del lugar de nacimiento o del tiempo en que hemos vivido o del grupo social en que nos estemos desarrollando, existen infinitas formas de encontrarnos día a día con limitaciones a nuestra libertad personal e individual, tantas cuantas opciones podamos adoptar en las innumerables encrucijadas ante las que nos encontramos casi a cada hora.

Si decido viajar en metro en lugar de utilizar mi automóvil, estoy limitando mi libertad de circulación a los itinerarios por los que me trasladará el transporte colectivo, pero si opto por usar mi automóvil, estaré limitando mi libertad de circulación por las aceras, jardines o lugares expresamente reservados a los peatones. No creo necesario insistir en más ejemplos de índole semejante para que el lector entienda perfectamente que cada vez que ejerzo una opción o tomo una determinada decisión, estoy cerrando las puertas a las demás opciones o posibilidades que mi libertad me ofrecía, estoy en definitiva limitando mi propia libertad.

El Genio de la Libertad (Dumont)

El Genio de la Libertad (Dumont)

Eso, que aparentemente parece tan claro y evidente, resulta en la práctica confuso y olvidado por quienes pretenden mantener el derecho a circular por un camino distinto al que han elegido enarbolando un concepto deformado de la libertad.

 La autolimitación de la libertad, que está más allá de la que se me pueda imponer por la norma legal o por quienes detentan parcelas concretas de poder, se puede ver claramente identificada en el hecho religioso. Cada persona en un momento de su vida puede plantearse su opción de conciencia, puede ser ateo o simplemente agnóstico pero si opta por ser cristiano resulta difícil de entender que pueda mantener sus convicciones ateas o agnósticas dentro de cualquiera de las opciones cristianas al uso, al igual que si un cristiano pone en duda la virginidad de María no parece coherente que pretenda permanecer en el catolicismo.

 En suma cuando tomamos la decisión de adscribirnos a un determinado grupo social cohesionado por sus creencias o ideologías, estamos de hecho reduciendo el espectro de opciones en el que mover nuestra libertad de expresión – que no de conciencia – ya que mi pensamiento puede desde luego contemplar convicciones que, circunstancial y puntualmente, disientan con parte de las que rijan en ese grupo social.

La cuestión se encrudece cuando pretendemos hacer prevalecer nuestra libertad de conciencia, a través de la de expresión, sobre las normas del colectivo. Esa es una crisis que entraña graves dificultades de discernimiento. Esta crisis se ve más claramente reflejada en política, cuando la persona opta por inscribirse en un determinado grupo o partido político.

Resulta evidente convenir que el militante en un partido no tiene porqué coincidir ideológicamente con todos los planteamientos o propuestas políticas de su organización, aunque sí que parece coherente que, al menos, debería coincidir en una inmensa mayoría de ellas, sobre todo en las más trascendentales o fundamentales.

Podríamos igualmente convenir que ese ejercicio de la libertad de expresión permite formular sus discrepancias dentro de la propia organización y dentro de los cauces que a tal efecto hayan establecido las normas por las que se rijan.

Podríamos también convenir que, en determinados contextos, tales discrepancias puedan mantenerse también fuera de los cauces anteriores pero, llegados a este punto, la crisis se puede agudizar si no se mantiene la prudencia y coherencia adecuada hasta el extremo de quebrar o traspasar los límites a que el propio individuo sometió su propia libertad personal cuando optó por inscribirse en él.

Porque, siguiendo con el uso de mi libertad de conciencia, mantengo que cuando fui libre de elegir, u optar, por una determinada opción política debí ser también responsable de las consecuencias que de tal decisión se derivan.

Mantengo igualmente que mi libertad de expresión debe quedar limitada en todo caso por la ofensa a otros individuos – o al grupo – y por el daño que se le pueda inferir a otro individuo – o al grupo – más allá de los cuales no parece legítimo llegar.

Joel Heraklión Silesio.

([1]) Ricardo Yepes Stork nació en Madrid el 8 de diciembre de 1953 y falleció el 26 de diciembre de 1996 en Huesca, a causa de un accidente de montaña. Fue un profesor universitario, un ensayista y un filósofo brillante que dirigió algunos empeños editoriales. Es autor también de varios libros de Filosofía y Antropología.

RESUCITAR A MONTESQUIEU

Durante muchos años Alfonso Guerra no desmintió haber sido el autor de la ya célebre frase “Montesquieu ha muerto”, que desde la promulgación de la Ley del Poder Judicial de 1985 se le vino atribuyendo, hasta que en su libro “Dejando atrás los vientos: Memorias 1982-1991” lo negó con estas palabras: “Maticé que la separación de poderes comprende al poder legislativo, judicial y ejecutivo, pero que en la época de Montesquieu no había siquiera posibilidad de concebir un tribunal de garantías constitucionales, pues su muerte se produce muchos años antes del desarrollo del derecho constitucional”. En el contexto del propio libro manifestó que esta frase había sido malinterpretada por algunos periodistas para, desde ella, obtener el titular que desde la aprobación de la primera Ley postconstitucional del aborto de 1985 (Ley Orgánica 9/1985, aprobada el 5 de julio) hasta la publicación de su libro se le había atribuido, desviando así la atención hacia una norma distinta de la que le dio la opción para pronunciarla.

 Hoy resulta indiferente tanto el hecho de no haberla desmentido antes, para favorecer quizá su propia popularidad mediática ya muy pronunciada, como el de haberla negado en sus memorias, quizá también para provocar un efecto márquetin que incrementara sus ventas.

 Y digo que resulta indiferente porque, de facto, en el sistema constitucional español tanto algunas asociaciones de jueces como algún partido político, en especial UPYD, han denunciado y mantenido la falta de independencia tanto del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) como de los dos máximos tribunales de él dependientes, el Tribunal Supremo y el Constitucional, por lo que cabe convenir que la metafórica frase de la defunción montesquietana atribuida a Guerra se ha convertido en una realidad jurídico-constitucional del Estado español actual.

Efectivamente; esta situación, que en estos tiempos resulta ya innegable, deviene paradójica cuando observamos que el principio de la separación de poderes se ha visto desvirtuado también en el funcionamiento interior de los partidos políticos. Allá cada cual con su cada cuala, pero a mí me interesa especialmente uno, UPYD, actualmente sujeto a un proceso de reorganización interna con el objetivo de reconducirlo a un resurgimiento externo tan necesario, por imprescindible, en el panorama político actual.

Hace algún tiempo, durante un proceso de elecciones internas a un nuevo Consejo de Direccción, hubo en liza cuatro candidaturas que pretendieron asumir sus funciones cada una de ellas con planteamientos dispares en muchos puntos y confluyentes en otros, dentro de una amalgama de propuestas que hizo muy difícil la confluencia, al menos, de algunas de ellas.

Pero yo quiero resaltar aquí un hecho que debería tenerse en cuenta, un hecho que en los pasados procesos internos de constitución de órganos de gestión y en los de primarias a listas autonómicas ha sido característico de la Comunidad Valenciana, aunque quizá haya proliferado este hecho en otras autonomías, como así se ha comentado, empero carezco de los datos puntuales para afirmarlo con rotundidad.

Lo cierto es que hay un sentimiento muy generalizado entre gran parte de la militancia de base de institucionalizar esta división de poderes en los propios órganos internos, es decir hay un sentimiento muy acusado de “resucitar a Montesquieu”.

Sin citar nombres voy a relatar estos hechos reales en el ámbito de la Comunidad Valenciana a la que yo pertenezco. En febrero de 2014 se celebraron elecciones al Consejo Territorial de la Comunidad Valenciana a la que concurrieron tres candidaturas. Dos de ellas, más potentes en razón de los resultados, las voy a identificar como candidaturas A y B. Como he advertido no voy a citar nombres, aunque los medios de comunicación los airearon suficientemente.

Una de ellas, digamos la A, incluyó en su formación a un militante muy mediático que pretendía, como así lo dijo en todos los actos de su campaña, controlar el Consejo Territorial para garantizarse la composición de las listas electorales en los siguientes comicios, los autonómicos de 2015. La otra, la B, pretendía lograr el triunfo para, al menos en teoría, dejar en libertad a las bases para tomar tales decisiones.

Resultado, venció la lista B claramente, lo que significó – si hacemos una interpretación de la voluntad de los votantes – que no deseaban un Consejo Territorial “controlador” de las listas electorales.

Pero he aquí que, cuando llegaron las primarias para 2015, el militante mediático que perdió en su candidatura al Consejo Local, ganó las primarias internas a cabeza de lista de las autonómicas, mientras el candidato del Consejo Territorial – el propio Coordinador que venció en las elecciones orgánicas – perdió en estas últimas.

Mensaje claro del electorado: separación de poderes entre los órganos internos del partido y los órganos institucionales que accedan a los comicios.

montesquieu2Esta opción, no siempre compartida por todas las candidaturas, debería ser tenida muy en cuenta por los delegados del próximo III Congreso nacional, analizando con detenimiento cuales son las opciones que cada candidatua ofrece.

Resucitemos metafóricamente a Montesquieu cuanto antes, comenzando por los propios partidos políticos.

Joel Heraklión Silesio

FUNCIONALISMO Y FUNDAMENTALISMO DEMOCRATICO

Entre la estructura de la mente y la estructura del cerebro hay una gran distancia y mucho confusionismo.

filosofia de la menteHoy sabemos, gracias a nuestro inefable Ramón y Cajal y su “teoría de la neurona”, que nuestro cerebro está compuesto por innumerables células almacenantes de información y, gracias a los estudios que sus sucesores nos han regalado, que con las comunicaciones que establecen estas neuronas a través de las sinapsis somos capaces de recibir, almacenar, elaborar y editar conceptos, ideas y pensamientos.

Pero hemos evolucionado de tal manera que las máquinas, las computadoras, e incluso los “pequeños” chips inteligentes como los de un móvil, hoy rebautizado como Smartphone, han llegado a cotas en las que parece que nos superan en esta labor. Sin embargo esta tecnología ha llegado a incidir en campos antaño reservados al ámbito del pensamiento como la filosofía y es ahí donde aparece el concepto de “Funcionalismo filosófico” o “Funcionalismo computacional”, llegando a comparar algunos pensadores dos ámbitosfuncionalismo filosofico tan extraños como son la mente humana y los circuitos electrónicos.

No es de extrañar pues que por este camino, con el cada vez más pujante fundamentalismo democrático – como advierte Gustavo Bueno en su visión de lo que él mismo identifica como “pensamiento Alicia” – nos estemos viendo abocados de forma vertiginosa a perder consciencia (que no conciencia) de nuestra propia naturaleza, tanto en el plano individual como en el social.

España está inmersa en un verdadero tsunami, no ya financiero y económico, sino social y político. Estamos asistiendo a escenarios que escapan a lo racional, afirmaciones y propuestasel-objetivismo-y-el-subjetivismo que también parecen propias de poblaciones en las que la cultura y el conocimiento todavía no ha alcanzado el nivel mínimo que estimaríamos para considerar a tal conjunto social como “culturalmente equilibrado” – que no ya avanzado – así lo estamos viendo a poco que escrutemos en las encuestas electorales y sus cocineros, en los mensajes que ruedan por los noticiarios de la televisión y por las rotativas de la prensa.

Solo a título de ejemplo, sin entrar en mayores puntualizaciones:

¿Qué dirían ustedes de la decisión adoptada por una población anglosajona que pretende a través de la mayoría estadística una reforma educacional para instaurar como obligatoria la enseñanza del Diseño Inteligente? Les dejo el enlace a la noticia para que no crean que me lo acabo de inventar ([i]).

Pues bien, de seguir por este camino, un buen día veo a los pasajeros de un autobús decidiendo por mayoría en qué esquina tiene que girar el conductor o a la tripulación de un barco – o de una aeronave – decidiendo a qué puerto o aeropuerto debe dirigir el capitán su navío.

([i]) http://www.microsiervos.com/archivo/ciencia/diseno-inteligente-en-inglaterra.html

La superficie de la cloaca

Que la superficie de la cloaca siempre esté lisa y opaca. Por Joel Heraklión Silesio.

cloacas del Estado

Cuando en Julio de 1983 tiene lugar el acta fundacional de los GAL suena a bomba por la espalda, lanzada desde una boca de alcantarilla cuando el personal estaba pendiente de la maratoniana declaración de Mario Conde y su corrupción económica. Será un misterio ya vitalicio, como auguraba Vázquez Montalbán en 1994, saber si Amedo y Domínguez crearon aquella crisis por el procedimiento de tirar de la manta, despechados por promesas incumplidas, o si fue el juez Garzón quién les retiró la manta ante la evidencia de tener el culo al aire. Pero eso es lo de menos. Lo verdaderamente cínico es el comportamiento de los portavoces gubernamentales en toda esta amalgama de “asuntos de cloaca”.

 

  • “Tranquilo Luis, aguanta.”
  • El borrado de los discos duros de Bárcenas con desaparición de la causa instruida.
  • El entramado Gürtel.
  • La “herencia” de los Pujol.
  • Los ERE´s a la flamenca.
  • El caso Edu.
  • La operación Púnica.

Y podríamos seguir.

 Esa es la consigna. Que se crea en las cloacas del Estado, que ciertamente existen, es ya de dominio público. En los últimos diez años han sido la comidilla de la prensa, de la TV y de los digitales informativos. Pero yo he constatado la existencia de otra cloaca, no del Estado, pero sí de interés de la cosa pública, cuya superficie se intenta mantener lisa a toda costa y su contenido opaco a toda luminosidad cualquiera que sea su longitud de onda.

Es complejo, ciertamente complejo, porque en este sarao intervienen muchas voluntades, en primer lugar las de aquellos que tienen la capacidad de compra y en segundo lugar las de los que tienen la debilidad de ser comprados, no con dinero, ni con comisiones, sino simplemente por interés promocional, por pertenecer al grupo elitista de quienes parece que se han reservado el derecho de pernada. De esta manera la dirección se garantiza su permanencia bajo el velo de una aparente elección democrática y los súbditos esperan pacientemente a que su fidelidad sea oportunamente indemnizada.

 cloacaEn noviembre de 2013 tuvo lugar la creación del máximo órgano de Gobierno entre congresos de un determinado partido político cuyas propuestas programáticas incluían con especial trascendencia en su ideario: la lucha contra la corrupción y la defensa de la transparencia en la política. El proceso electoral de este nuevo órgano estaba perfectamente reglamentado en los estatutos del partido. En el seno del propio Congreso se procedería a la votación, en listas abiertas, de los 150 componentes del mismo. Hasta aquí, nada que objetar.

Casi a año y medio vista de aquel acontecimiento he podido ir comprobando los efectos de lo que aquel proceso supuso. Cuando se estaban confeccionando las postulaciones para formar parte de aquel órgano intermedio entre Congresos, se me invitó a que formalizara mi propia postulación ([1]) pero nunca lo hice. Carecía, al menos entonces, de razón objetiva alguna para negarme a tal postulación salvo la convicción interna de que quizá otros compañeros estaban mejor preparados que yo para ello y que ésta sería una buena razón para no resultar elegido.

A los pocos días de finalizar el plazo de presentación de solicitudes se confeccionó por cada órgano territorial la lista de los candidatos de entre los cuales habían de resultar elegidos por el Congreso en ciernes el cupo de representación que, dentro de esos 150 compañeros, correspondía a cada demarcación territorial.

Y entonces se me lanzó el dardo. Uno de los componentes de aquella lista y que a su vez ostentaba un cargo de representación territorial me susurró que si lo hubiera hecho (postularme) estaría dentro del cupo que desde la dirección nacional se le había solicitado y que garantizaba que sería tenida en cuenta a la hora de la votación. Sinceramente no me lo creí, consideré que se trataba de mandarme un mensaje,  intentar convencerme de que, por no haber secundado sus proposiciones, me estaba perdiendo la posibilidad de formar parte de aquel órgano de gobierno entre congresos.

El tiempo me ha demostrado cuán equivocado estaba, no era ninguna invención del confidente, las sucesivas decisiones (votaciones) emanadas desde entonces de éste órgano han sido evidentes, resultados aplastantemente mayoritarios a favor de las propuestas (resoluciones) de la alta dirección. Con excepción de la última que se produjo recientemente en que, aunque los resultados han seguido siendo favorables a la cúpula, el porcentaje no ha sido tan aplastante.

Y es que la lucha por mantener la superficie de la cloaca lisa y opaca, parece que está llegando a su fin.

Joel Heraklión Silesio.

([1]) Estatuariamente todo afiliado, al corriente en sus pagos y sin sanciones, puede postularse, sin necesidad de avales, a distintos órganos de Gobierno de este partido, lo que constituye uno de sus signos de identidad y resulta relevante para una auténtica democracia interna.