FLORILEGIOS 2016

El Genio de la Libertad (Dumont)

El Genio de la Libertad (Dumont)

El amor es la expresión emocional y socializada del sexo, mientras que éste es tan solo la socaliña de la vida para garantizar su propia subsistencia.

La política de hechos consumados: la dinámica más utilizada para llevar a cabo reiterados incumplimientos de normas eludiendo ser sancionado.

Vivir con total consciencia de nuestra capacidad de error nos lleva a estar más seguros de las conclusiones que alcanzamos, tras meditarlas.

No son los deportistas-artistas evasores los que tienen problemas con el fisco, somos el resto de ciudadanos cumplidores los que lo sufrimos.

En política, como en la vida, si tus convicciones son firmes no es excusable renunciar a ellas por alcanzar el poder o mejorar estatus social.

Cuando hallas a tu interlocutor en un nivel cultural inferior y tratas de rebajar el tuyo para no herirlo no te importe ser tú el lastimado.

Cuando la edad avanzada te alcanza corres el riesgo de comprobar que todo lo que no conseguiste fue consecuencia del miedo a no conseguirlo.

Vive cuestionándotelo todo sistemáticamente, te ayudará a despejar dudas, a salir del error y a vivir con la humildad de saberte equivocado.

Como si de la línea del tiempo se tratara, la opinión pública ha invertido la dirección del calificativo peyorativo fascista al de populista.

Acracia: ningún hombre es digno de juzgar a otro ni de disponer de su vida. El juez es un subproducto del poder para su propia subsistencia.

Si no lees tendrás que creer lo que te digan. Si lees aprenderás por ti. Si lees mucho discernirás lo que no necesitas aprender de lo que si.

La irresponsabilidad de quienes ignoran sus propias incapacidades y creen tener las soluciones, les inducen a asumir responsabilidades que sufrimos todos.

Hay personas que nunca tienen tiempo porque administran el que tienen para todo lo que necesitan. Otras simplemente no tienen tiempo de nada.

Mi abuelo, hombre sabio donde los hubiera, siempre decía que el papel era tan sufrido que se dejaba poner lo que fuera. Igual que las RRSS.

Mentir permite al prójimo la libertad de elegir entre creer o caer en la mentira. Engañar envuelve a la víctima anulando su libre albedrío.

Si a mí me halaga ser reconocido por quienes me conocen sin necesidad de darme a conocer ante quienes me desconocen ¿Es inteligencia emocional?

El conflicto es una de las formas más genuinas de la convivencia. Gustavo Bueno “España frente a Europa”

El mundo real, post-paradisíaco, en el que alguien cometió un error y trató de inducir a los demás a incidir en otro análogo para reconciliarse consigo mismo.

Generalizar al emitir una opinión no es otra cosa que asegurarse de cometer múltiples errores y ofender a quienes por lo general no conocemos.funcionalismo filosofico

Respetar una opinión – estar dispuesto a admitir que otros la mantengan – no obliga a compartirla. Si la compartes has dejado de respetarla.

La prensa en la mente, como el capital en economía, debe realizar una labor social. Cuando se piensa con el corazón se hierra con la razón.

Cuando a la verdad la consideramos irreverente la travestimos bajo una edulcorante mentira. La socialización de la hipocresía está instalada.

El ecléctico puede llevar la sobrecarga de ser el enemigo común de todas aquellas ideologías cuyos elementos comunes trata de hacer confluir.

No hay titular de derechos que no sea objeto de obligaciones. Los tribunales garantizarán el respeto de aquellos y el cumplimiento de éstas.

Hay un sector seudo populista y cobarde que disimula su españolismo, su condición taurina, su socialismo histórico y aplaude el nacionalismo.

Solo se puede sentir la soledad cuando te hallas rodeado en medio de un tumulto. Cuando estás solo es cuando puedes constatar que eres único.

Ensimismarse mirando el propio reflejo ante el espejo, obstruye nuestra visión. Hay que abstraerse mirando por la ventana la cruda realidad.

Cuando la verdad formal en una sentencia está muy alejada de la verdad material en la realidad, lo de administrar justicia queda en entredicho.

Cuando uno se da mucha importancia, la puede desgastar tanto que corre el riesgo de perderla. Solo conservará la que le otorguen los demás.

En el fondo la verdadera tragedia de la vida está en tener que mantener la sonrisa ante la propia tragedia. Resulta desgarradoramente triste.

Las cuestiones morales implican un conflicto de valores que exige un uso cuidadoso de la razón. La obediencia a otra mente es muy peligrosa.

La función de la RAE con respecto al lenguaje es la de “pulir cera”. Darla es misión del vulgo. Las instituciones nunca crearon las lenguas.

Lo que antes fue futuro, hoy es presente y mañana será pasado, pero eso viene sucediendo segundo a segundo. Nada se detiene, todo es fluir.

Hasta que la humanidad no considere lo identitario como un accidente geográfico y no como un rasgo diferenciador no progresará adecuadamente.

Las verdaderas amistades peligrosas son las que mantienen tu amistad mientras sigan creyendo que ellas están por encima de ti, en casi todo.

Eliminar nombres de calles de corte sectario sustituyéndolos por otros, también sectarios pero de signo contrario ¿es o no un contrasentido?

Yo, como taurino de pro convencido y amante de los animales propongo que se le cambie el nombre a “Despeñaperros” por ser vejatorio para ellos.

Hace tiempo que he eliminado la palabra “podemos” de mi léxico personal. Ahora digo: podríamos hacer tal cosa o ir a tal sitio. Salud mental.

Si se tiene clara la abstención ante un posible nuevo gobierno y se afirma públicamente no puedo entender que se espere a la segunda vuelta.

No hay que temer a los fracasos. Casi todos son el germen de los futuros éxitos. El riesgo es consustancial a la vida, es su entorno natural.

La formación de un gobierno en minoría no debería depender del apoyo de los ideológicamente próximos sino del sentido común de los políticos.

Pues yo sigo pensando que el día que se desmantelen las fronteras de todos los países del mundo se acabará con el problema de la inmigración.

Si JM Aznar no resucitó al Montesquieu que remató Felipe, lo del control del poder judicial no era de izquierdas sino de partidos oligarcas.

Todos mis compañeros de partido gozan de mi amistad y simpatía pero no creo en la capacidad de algunos para gestionarlo al margen del nivel.

A los taurinos les pasa con José Tomas lo que a los antitaurinos con la tauromaquia: el sentimentalismo les deforma la realidad, se contagian.

Es preferible resistir a quien no soportas que soportar a quien no resistes. No es cuestión de conceptos sino de actitud ante el incómodo.

Ser libres de tener opinión propia es respetable pero no todas lo son. Hay quien fuerza la realidad para hacer prevalecer la suya sobre otra.

Si mantienes tu criterio ignorando que tu argumento es el más débil estás abocado a ser el perdedor en la dialéctica. Rectifica para vencer.

Mantener tu ética personal íntegra, protegida, a prueba de balas, te permite mantener un amor propio fortalecido resguardado de todo egoísmo.

El éxito requiere tesón y sacrificio, saber dónde debes invertirlo requiere claridad de ideas y mejor conocimiento de las propias facultades.

Aún no sé si lo mío es timidez o vergüenza pero sigo sin querer aparecer en listas electorales (internas o externas). Sigo sintiéndome libre.

Desde que está mal visto salir fumando en las series televisivas españolas todos salen bebiendo. El alcohol acabará sustituyendo al tabaco.

Deberíamos mirar al presente reflexionando sobre el recuerdo de lo que ha sido el pasado para ser capaces de proyectar un futuro más fecundo.

Cuando el de arriba prefiere ascender al amigo en lugar de al competente acabará pronto-tarde fracasando o cayendo en un espantoso ridículo.

La pasión por encontrar la verdad ha de ser mayor que el temor a afrontar las terribles consecuencias que en ocasiones conlleva encontrarla.

2007ElectionsCuando a un partido dictatorial le votan cinco millones de españoles la pregunta es ¿Se equivocan esos votantes, o son todos anti demócratas?

Solo la duda me ofrece garantías de veracidad. Lo dijo el filósofo, dudar es pensar y pensar es existir. La duda es el método, existir el fin.

Se tilda de políticamente incorrecto a quién expresa su opinión al margen del auditorio. No consideraré una invitación adonde no pueda serlo.

Cuando ante una situación clara alguien me dice que tiene que pararse a pensar no sé si es lento en el discurso o está meditando como mentir.

El indocto trata de imponer sus peregrinas convicciones ignorando los fundados razonamientos de quienes se apoyan en informaciones veraces.

Si tu protesta no la formulas en el lugar idóneo y en el momento oportuno, quedará como quejido de dolor en solitario que a nadie alcanza.

Alguna autoridad debería establecer sobre la obligatoriedad del uso de las cookies en la web que una vez aceptada ésta no fuera reiterativa.

Son tantos los españoles acostumbrados a pagar sin IVA y a mentir sobre la edad que les parece natural que los políticos mientan sin dimitir.

Aquellos que piensan distinto de mí no tienen por qué ser mis enemigos como algunos de los que piensan como yo tampoco son siempre mis amigos.

La excelencia está próxima a la utopía. La labor bien hecha, aunque con deficiencias, lo es siempre que no sea humanamente posible mejorarla.filosofia de la mente

La memoria es un gran instrumento al servicio del raciocinio al que podemos sacar mucho partido siempre que no se malgaste con banalidades.

Respetar a una persona es hablarle como a un ser humano libre, no como a un ser dependiente por su pertenencia a una determinada comunidad.

El papel de la cultura al presente debería consistir en proporcionarnos herramientas intelectuales para progresar y morales para sobrevivir.

Cuando no me pronuncio sobre un acontecimiento o propuesta no debe entenderse falta de atrevimiento o pusilanimidad, es solo desconocimiento.

Hay que permanecer en la duda para encontrar las respuestas necesarias, pero cuando uno empieza a comprender las cosas es hora de marcharse.

La historia, como hecho del pasado, hay que dejarla atrás. El progreso implica renovación y superación de viejos hábitos nada edificantes.

La libertad de conciencia no otorga al devoto de cualquier religión el derecho a coaccionar ni atentar contra nadie o a reclamar privilegios.

El equilibrio biológico se mantiene gracias a la depredación que unas especies mantienen sobre otras. Los humanos estamos fuera de ese control.

Los avances científicos han evidenciado muchas de las mentiras sobre las que se asienta la sociedad sin que por ello cambien los paradigmas.

La esencia de nuestro pensamiento se compone de lo que sabemos, de lo que creemos y de lo que deseamos, por ello es tan difícil ver la verdad.

Cuando afirmo algo o manifiesto una convicción, lo importante no es que lo que yo diga sea lo acertado, sino que coincida con lo que pienso.

La imaginación es una cualidad que conviene cultivar desde la razón y el equilibrio. Usada sin control nos puede llevar a un cataclismo.

Si consigues exponer tu idea o mensaje en 140 caracteres, sin necesidad de usar apócopes o letras viudas, demuestras gran capacidad creativa.

Si – por reivindicar lo que crees justo – creas una víctima, solo consigues que crezcan sus adeptos y que tu reivindicación devengue injusta.

Las ovejas no necesitan del pastor, es éste quien trata de conseguir un rebaño en el que ellas dejen de ser libres.

La inexperiencia nos lleva a correr riesgos innecesarios. La madurez nos proporciona serenidad ante el peligro. Pero no es cuestión de edad.

Cuando quien pretende defender las creencias, ideas o convicciones en las que honradamente cree, pierde la compostura, cae en el fanatismo.

Tomar decisiones a destiempo, tempranas o tardías, es como sembrar en terreno baldío. Antes hay que preparar el terreno, abonarlo y cuidarlo.

Toda convicción nace con la duda, florece con la reflexión y madura con la acción. Cultivar esta planta desarrolla el intelecto y la persona.

Cómo saber de antemano si una causa está perdida aunque esté sostenida empecinadamente por quien la abandera contra la opinión de la mayoría.

Solo los que han intentado pintar un cuadro, componer una canción o escribir una novela sin conseguirlo, saben del verdadero valor del arte.

En los círculos en que me muevo en política siempre estoy fuera del tiesto, nunca pienso lo que digo… ¿será porque solo digo lo que pienso?

Confundir la educada modestia de quien habla con su candidez, simpleza o ignorancia es un error en el que cae quien carece totalmente de ella.

Creo haber conseguido llegar a la vejez con la conciencia limpia, no obstante es conveniente mantenerla en remojo para evitar que se mancille.

Cuando alguien habla despectivamente de los españoles, lo hace de mí y si él lo es, también de él mismo. Solo él queda en entredicho. Yo no.

Quien, para destacar, trata de impedir que otras personas de su entorno destaquen por encima de él, ciertamente acaba destacando solo en eso.

Todos los políticos piden altura de miras unos a otros mientras cada uno sigue mirándose al ombligo. Y los que la tienen han sido expulsados.

De profundas dudas fructificaron mis más consistentes convicciones. A pesar de ello continúo dispuesto a reconsiderarlas permanentemente.

Ni la amistad debe condicionar mi capacidad de confluencia con la opinión del amigo, ni mi discrepancia con él debilitar una sólida amistad.

La palabra demagogia siempre ha tenido mucho más éxito que el vocablo democracia. Este último es muy popular, pero el que siempre se lleva el gato al agua es el otro.

No sé si la humanidad va a llegar a tiempo de explicar por qué estamos aquí, el porqué del universo, antes de que desaparezcamos como género.

Los que pudieron haber nacido y no lo consiguieron se libraron de la muerte. Los que finalmente nacimos ni siquiera nos libramos de la vida.

Quien tiene un sentido trascendente de la vida ignora que hay personas a las que es necesario sobornar para que le tomen en consideración.

El tiempo que necesitamos dedicar al ocio y al sustento, reduce sensiblemente la capacidad de reflexión para alimentar nuestro intelecto.

La vida es solo un parche entre dos infinitudes: el puente colgante que une el nacimiento con la muerte.

Vivimos en un mundo que pende del poder de las palabras y no de los actos donde lo que prospera es un falso lenguaje que cautiva a las masas.

La honestidad te garantiza la verdadera amistad. El verdadero amigo implica que esa honestidad se mantenga en un recorrido de ida y vuelta.

MOMENTOS DE LA DEMOCRACIA

Todos los que ya llevamos algún tiempo impulsados como cantos rodados por esta torrentera que es la vida, portamos grabado a fuego en nuestras entendederas aquello de que todo es según del color del cristal con que se mira. Esto es cierto, pero nada nos costaría hacer un pequeño esfuerzo para mirar a través de un cristal incoloro y sin graduación – quizá con la graduación adecuada – que no deforme la realidad objetiva.

Me ha sugerido esta elucubración un artículo de opinión de una compañera en el digital “Información” del pasado 2 de marzo de 2014, titulado “El efecto Axe” y concretamente su siguiente frase literal: “El control de la comunicación comercial a este respecto es ejemplar si lo comparamos con otros tipos de comunicaciones como, por ejemplo, la política donde, hoy por hoy, no se puede penar más que con el voto que líderes (o partidos) nos seduzcan utilizando datos falsos.”

Por asociación de ideas he llegado involuntariamente a los ya muy trabajados conceptos de democracia, disciplina de partido y libertad de conciencia: difíciles hilos para trenzarlos mediante sendos bolillos y tejer con ellos un buen entramado político.

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En este mismo blog y en otra entrada denominada “DISCIPLINA O DEMOCRACIA”, ya lo afirmé y hoy lo reitero, sin disciplina no puede haber democracia y sin democracia no hay libertad. En franca consecuencia con esta idea, esbocé otra que hoy pretendo desgranar profundizando en ella: el respeto a la propia integridad ideológica del partido no debe depender de su democracia interna, sino tan solo de la disciplina de sus militantes.

Qué duda cabe, como afirma mi compañera en el artículo aludido, que el votante para defenderse de la “publicidad engañosa” que algunos partidos o líderes políticos nos lanzan, tan solo tiene en su mano, como única herramienta, el arma del voto cuatrienal, pero no es menos cierto que desde un tiempo atrás se viene reivindicando la “democracia interna” como un valor añadido en la organización de los partidos políticos que cada cual lo aplica con distintos grados de pureza.

¿Es necesaria – imprescindible – la democracia interna en los partidos? Bueno, en mi opinión, según del color del cristal… la respuesta a esta pregunta puede ser controvertida, aunque a mí me resulta axiomático pensar que se mueve en terrenos poco firmes, poco estables, en arenas movedizas quizá. La democracia – es innegable – es una norma de convivencia fundamental para que el individuo se desarrolle en libertad. La democracia nos permite, mediante caminos más o menos tortuosos, consensuar primero y promulgar después el conjunto de normas que han de regir nuestra vida diaria pero si, a continuación, no rige la disciplina necesaria para respetar dichas normas, todo el entramado decae. Es ahí donde los partidos políticos deben garantizar esa democracia, en las instituciones, en los órganos de poder, en la convivencia diaria de y con los ciudadanos. Pero internamente, en su organización interna ¿es deseable un autogobierno en total democracia?

El profesor Gustavo Bueno nos habla a menudo del concepto de “fundamentalismo democrático” y algunas de sus definiciones podrían ser aplicables a este terreno de juego cuando nos habla de los dos momentos de las sociedades políticas democráticas: el momento ideológico y el momento tecnológico. Entrar en su análisis requiere más tiempo y espacio que el que consiente este post, por cuanto trataré de, a costa de amputarlos parcialmente, traerlos al anaquel más asequible a la comprensión media.

El término “momento” debemos situarlo no ya en el sentido ordinario de unidad de tiempo, sino en el de la importancia de su contenido, más genérico.

Desde aquí debemos concebir el momento ideológico (nematológico, para el profesor Bueno) como el sustrato filosófico que recoge desde el concepto mismo del propio sistema democrático, hasta el ideario programático con que un partido político se ofrece a entrar en lid con sus oponentes en busca de sus objetivos socio-económicos para con los ciudadanos de un determinado Estado. El momento tecnológico, por el contrario, comprende todos aquellos caminos, métodos o sistemas organizados – sistema electoral, organización política del Estado, división de poderes, organización del propio partido, jerarquización de sus militantes, etc. – que permiten aplicar, implementar o simplemente transformar en eficaces los contenidos “nematológicos”.

Desde esta óptica, desde esta perspectiva cabe pensar que la organización interna de un partido se halla más próxima a su momento tecnológico que al nematológico y que, en definitiva, la democracia parlamentaria como sistema – en contra del fundamentalismo democrático que la presenta como “la forma más depurada de la convivencia política y social mediante la cual el género humano ha alcanzado por fin los valores supremos de la Libertad, la Igualdad y la Solidaridad” – no es sino el menos deficiente de los sistemas de gobierno hasta hoy concebidos por nuestra mente.

Pues bien, restauro mi propuesta inicial: ¿es necesario llevar el momento ideológico y sus fundamentos filosóficos hasta el espacio ocupado por el tecnológico en el interior de un partido político? No estoy seguro de tener la respuesta, depende del color del cristal como ya he afirmado, pero de lo que sí estoy seguro es de que cuando un determinado partido político ha apostado por llevar el supremo valor de la “nematología” ideológica que sirve de fundamento a la democracia parlamentaria a su propia área de organización interna – lo que en términos de uso divulgativo se conoce como democracia interna – debe cuanto menos ser consecuente con ese mismo enunciado programático y dejar funcionar el ámbito de la disciplina dentro de su justos límites, como respeto a la norma dada o auto otorgada de tal suerte que la indisciplina solo – tan solo, insisto – consista en la infracción de la norma misma y en modo alguno en la indocilidad deliberada de una pretendida autoridad que desoye la norma misma.

Joel Heraklión Silesio.

EL DISCURSO DEL REY

Hace poco se han cumplido 36 años, exactamente el 22 de noviembre del 2011.

PAREJA REAL

Fotograma del rodaje de "El discurso del Rey"

Ahora que se ha puesto de moda un injustificable recobro de la memoria histórica o un enfermizo tic de desenterrar a los muertos, a mí me ha dado por recuperar una “memoria histórica viva”. Ya me lo habían dicho, o lo había leído: en el cerebro humano los recuerdos se almacenan como las hojas de una cebolla, los más recientes se hallan en la superficie y los más lejanos en el propio corazón del liliáceo bulbo.

Los menores de 45 años pueden no recordarlo, muchos de ellos no habían nacido y otros eran lo suficientemente jóvenes en 1975 para haberlo podido escuchar con suficiente comprensión. Pero yo sí, yo estuve allí, bueno aquí porque lo escuché en televisión, en la uno, no había otra; y lo escuché muy atentamente con la ilusión y esperanza de la apertura de una nueva “frontera”, al estilo Kennedy.

Comenzaba así: “En esta hora, cargada de emoción y esperanza, llena de dolor por los acontecimientos que acabamos de vivir, asumo la Corona del Reino con pleno sentido de mi responsabilidad ante el pueblo español y de la honrosa obligación que para mí implica el cumplimiento de las leyes y el respeto de una tradición centenaria que ahora coinciden en el Trono.”

Vaya por delante antes de profundizar en ello que a mí, con mi modo transversal de entender el mundo y la vida, me resulta indiferente la concepción monárquica del Estado español o la nostalgia republicana que algunos exudan. Mantener a una familia real o a un séquito presidencial republicano tanto se me da. Ni siquiera el carácter hereditario de uno o elegible del otro me conmueven, entre otras cosas porque nada me garantiza que el resultado de una elección nos proporcione un ¿dirigente? No, tan solo un símbolo de ¿unidad? Es ciertamente dudoso.

El “dolor por los acontecimientos” recientemente vividos no era sino la muerte del dictador. Seguía así: “Como Rey de España, título que me confieren la tradición histórica, las Leyes Fundamentales del Reino y el mandato legítimo de los españoles, me honro en dirigiros el primer mensaje de la Corona que brota de lo más profundo de mi corazón.” Por si alguien lo desconoce – los más jóvenes que no hayan tenido oportunidad de estudiarlo – las Leyes Fundamentales del Reino eran el conjunto de normas para-constitucionales dictadas por Franco y sancionadas por las Cortes de una eufemísticamente denominada “democracia orgánica”.

En un momento determinado, el Rey elevó el tono, marcó un enfático

Busto de Juan Carlos I de España

Juan Carlos I de España

acento y dijo: “¡Que nadie espere una ventaja o un privilegio!” y todos nos llenamos de gozo al escuchar tan esperanzador mensaje.

Claro, si comienzo a deshojar las fistulosas hojas de mi bulbo raquídeo no puedo por menos que encontrarme con este acontecimiento que aparece en su superficie antes de desenterrar a los muertos y revivir una guerra civil que solo los mayores de ochenta años pueden recordar. Y ¿con qué nos encontramos treinta y seis años después? Con que de eliminación de ventajas o privilegios, nada de nada. El término privilegio, que como todos saben bien deriva del latín “privilegium”, ley privada, consiste en la exención de una obligación o ventaja exclusiva o especial que goza alguien por concesión de un superior o por determinada circunstancia propia.

Ni cortos ni perezosos los políticos del momento – de aquél momento 36 años ha – se afanan en construir una democracia ahíta de privilegios y prebendas para la clase política. El gobierno se reserva la potestad de nombrar al Fiscal General del Estado, las Cortes la de nombrar a los miembros del Consejo General del Poder Judicial, del Tribunal Constitucional y del Tribunal Supremo. Y con toda desfachatez, ante unos jóvenes españoles ávidos de libertades y democracia, se inventan el “privilegio” del aforamiento. Según el Diccionario de la RAE, una de las acepciones del sustantivo fuero es la competencia jurisdiccional especial que corresponde a ciertas personas por razón de su cargo: Fuero parlamentario.

Es necesario analizarlo con detenimiento. Si es el poder institucional, en sus diversas manifestaciones, el que tiene la potestad de decidir sobre el Ministerio Fiscal y sobre las altas jerarquías jurisdiccionales y luego decide que los aforados – los titulares del “fuero parlamentario” – solo pueden ser juzgados por aquellos Tribunales cuyos componentes han sido nombrados por ellos mismos. ¿No es tanto como decir?: a los nuestros solo los juzgan los nuestros.

Mas adelante dijo: “La justicia es el supuesto para la libertad con dignidad, con prosperidad y con grandeza. Insistamos en la construcción de un orden justo, un orden donde tanto la actividad pública como la privada se hallen bajo la salvaguardia jurisdiccional.

Dicho esto, las fuerzas políticas del momento gestan un “privilegiado” sistema de cobertura y previsión social exclusivo para “los nuestros”, para esos que solo serán juzgados por “los nuestros”, permitiendo que tan solo con siete años de permanencia en las instituciones se garanticen una pensión vitalicia con la mejor base reguladora posible y ningún partido, ni de la derecha ni de la izquierda, manifestó su más mínimo desacuerdo, antes al contrario lo apoyaron con un silencio mediático que pone en evidencia las más denigrantes vergüenzas ajenas.

Con la entrada de una nueva clase política regeneradora en la Asamblea y en el Ayuntamiento de Madrid se siguen poniendo en evidencia “privilegios” que la incipiente corona negó treinta y seis años atrás y algo me hace pensar que pronto se van a poner en evidencia en el nuevo Parlamento, en trance de constitución, tras el reciente proceso electoral que se ha hecho coincidir con el aniversario de la muerte del dictador y con el de dos días antes de que D. Juan Carlos I asumiera la Corona del Reino.

¿Qué hacemos con “la memoria histórica viva” y con el discurso del Rey?

Joel Heraklión Silesio.

JUEGOS DE VIDA, JUEGOS DE MUERTE

2266. La preservación del bien común de la sociedad exige colocar al agresor en estado de no poder causar perjuicio. Por este motivo la enseñanza tradicional de la Iglesia ha reconocido el justo fundamento del derecho y deber de la legítima autoridad pública para aplicar penas proporcionadas a la gravedad del delito, sin excluir, en casos de extrema gravedad, el recurso a la pena de muerte.
(Catecismo de la Iglesia Católica. Tercera Parte, Segunda Sección, Capítulo Segundo, Artículo 5  EL QUINTO MANDAMIENTO. I El respeto de la vida humana…)
 

I – La pena capital. El debate sobre la pena de muerte desapareció prácticamente de la escena política española tras nuestra transición democrática, empero en los últimos tiempos y de manera lamentable ha comenzado a reflotar en la opinión de no pocos círculos privados, quizá demasiados, aquellos que en otra ocasión denominé como ciudadanos silenciosos. Los atentados terroristas, los violadores reincidentes – recalcitrantes diría yo – y aún los asesinos encapsulados en el eufemismo de “violencia doméstica”, que tiene mucho de violencia y nada de doméstica, o el de “violencia de género”, han venido despertando en gran parte de esa ciudadanía silenciosa la nostalgia de la pena capital. 

En las aulas de la Facultad de Derecho de Valencia, todavía en el histórico y vetusto edificio de la calle de la Nave, durante la musicalmente denominada década prodigiosa de los sesenta del pasado siglo, abrió brecha una importante corriente universitaria contra la entonces vigente pena de muerte entre cuyos seguidores me cabe la satisfacción de poder incluirme. El ilustre iusnaturalista D. José Corts Grau – para entonces Rector Magnífico de la Universidad Literaria valenciana – se prodigaba en esfuerzos para justificar aquella pena considerándola como la amputación del órgano enfermo que hace peligrar la vida del paciente u otros argumentos de similar inconsistencia, llegando incluso a aportar fundamentos teológicos o de derecho divino o de defensa de la sociedad contra sus agresores. Resulta curioso que la Iglesia Católica en su doctrina nunca se haya manifestado abolicionista… es verdaderamente curioso. 

Pero el afán antifranquista, en ocasiones embadurnado de anticlericalismo, y el rechazo a toda reminiscencia de la dictadura, ha hecho evolucionar el derecho penal español a derroteros que ponen en peligro la salud mental de una gran porción de ciudadanía que – hasta anteayer – había asimilado con encomiable sosiego la abolición de la pena de muerte, de tal suerte que todos nos encontramos con algún vecino, amigo o incluso familiar que, ante situaciones desgarradoras como las de violadores reincidentes, delitos de terrorismo u otros de similar gravedad, nos dice (casi al oído por si acaso): “Esto se acabaría restaurando el garrote vil”.

Y es que estos irreflexivos – pero respetables ciudadanos – que quieren recuperar no tanto la pena de muerte cuanto la tranquilidad de todos, están evidenciando que hoy en España delinquir resulta barato. Por un lado la venialidad de las penas, por otro la inexistencia de una auténtica reinserción en infinidad de casos y la remisión de condena en casi todos, hace que gran parte de la sociedad se indigne por el trato que nuestro sistema judicial aplica a delincuentes que no solo son antisociales sino que, a mayor abundamiento, son peligrosos.

Resulta ineludible y aún imprescindible caminar hacía una auténtica – y todo lo revisable que se quiera – cadena perpetua en la que la única remisión posible esté exclusivamente condicionada a una acreditada reinserción, al estilo de la de D. Eleuterio Sánchez, que tras haber sido condenado a muerte y conmutada su pena a cadena perpetua todavía bajo la dictadura franquista, quedó definitivamente en libertad en 1981. Su nivel de reinserción fue tal que, detenido por última vez en 2006 por la Guardia Civil tras una denuncia de su esposa por malos tratos, los tribunales confirmaron definitivamente su absolución por violencia de género siendo declarada falsa por los jueces la denuncia interpuesta. ¿Acaso es éste un peor avatar que el que se hubiese derivado de la ejecución de la primera condena?

Solo trabajando en esta dirección será posible devolver a toda la sociedad una, hoy descarriada, confianza en la justicia y poder enarbolar de nuevo, con el orgullo de los universitarios de los sesenta, la bandera abolicionista. Ni la preservación del bien común de la sociedad, ni colocar al agresor en el estado de no poder causar perjuicio justifica en modo alguno, ni tan solo en los de “extrema gravedad”, la pena capital. Las sociedades modernas, actuales, son más fuertes que todo eso incluso en el supuesto de nula reinserción. El Estado cuenta con medios suficientes – ciertamente onerosos – para garantizar la protección responsable de la sociedad y el aislamiento del agresor (salvo que lo que realmente se pretenda sea economizar erario público). La lenidad punitiva instaurada en nuestro sistema legal no se sostiene bajo ningún emblema ideológico, ni histórico, ni de lucha antifascista, ni tan siquiera democrático. Cuando los ciudadanos silenciosos se ven desprotegidos y comienzan a considerar los derechos de los condenados como privilegios, se vuelven reaccionarios y, como tales, propenden a restablecer lo abolido.

Llevemos cuidado, ni la vida ni la muerte son un juego. El no a la pena capital debe seguir siendo un objetivo con vocación de universalidad, porque nosotros no somos dueños de la vida de los demás, porque nosotros ni siquiera somos dueños de nuestra propia vida, no disponemos de ella sino todo lo contrario, es la vida, es la esencia vital, “l’elán vitale” la que dispone de cada uno de los seres vivos organizando la biosfera y manteniéndola en homeostasis tal como James Lovelock conjeturó en su original “Teoría de Gaia” para asegurar su propia supervivencia… la de la esencia vital, no la nuestra.

DISCIPLINA O DEMOCRACIA

La mitad de la vida que he gozado hasta hoy transcurrió bajo la dictadura, la otra mitad bajo la democracia. Por ello puedo hablar de ambas experiencias quizá con mayor conocimiento de causa que aquellos que tienen la suerte de ser suficientemente jóvenes para haber conocido solo el último período.
Yo tuve la fortuna de ser educado en libertad y jamás necesité la severidad paterno-materna, bastó con la disciplina – que muchos padres jóvenes confunden con rigidez, hartos estamos de conocer situaciones familiares en las que, faltos de disciplina, la rebeldía de sus vástagos les hace claudicar a su dictadura – pero rigidez y disciplina son dos conceptos totalmente distintos, aquella anula la libertad y ésta fomenta la responsabilidad del libre.
Tal confusión prima en demasiadas esferas de la sociedad actual y por ello, con el único empeño de garantizar o patentizar su “talante democrático”, creen que la disciplina esta reñida con la democracia y no es así… ¡no es así! Esta confusión navega no solo entre grupos sociales que podríamos definir como ciudadanos silenciosos (jamás me ha agradado la denominación mediática de “ciudadanos de a pie”) sino también, y lo que es mas lúgubre, entre los políticos y aún si me apuran entre los gobernantes.
Transcurría el año 2009 cuando el Tribunal de Estrasburgo vino a decirnos que lo de Batasuna ya estaba tardando, que el Gobierno español ha tenido legítimo derecho a defender su democracia dejando entrever, para quien sepa entender, que nuestros gobernantes lo podrían haber hecho hace ya treinta años. También éstos, cual padres jovenzuelos, han tenido injustificados escrúpulos con la disciplina, para así poder mantener – a costa de muchas vidas que pudimos habernos ahorrado – el “talante democrático” y a pesar del soporte jurídico que nos ha proporcionado tan excelente sentencia, todavía pulula algún que otro político  – Jesús Eguiguren, por ejemplo, vasco y socialista por más señas – que continúa sintiendo tentaciones de legalizarla de nuevo.
Parece que a estas alturas aún no se ha entendido lo que significa la palabra “democracia”. Esta no consiste tan solo en permanecer indefinidamente abiertos al diálogo como vía de solución de los conflictos – que sí – sino ante todo en que todos acaten lo que determinen las instituciones que entre todos nos dimos sobre aquello que es de su competencia. En eso consiste la disciplina, que viene después de la democracia y sirve además para garantizarla, en respetar y acatar las normas que entre todos nos hemos dado por esa misma vía democrática, y hablo por supuesto de la vigente Constitución española que nada impide modificarla, como ella misma contempla, si se dan las condiciones establecidas, pero sin romper la disciplina que el propio sistema democrático impone mediante la mayoría parlamentaria cualificada necesaria.
El diálogo es como mínimo cosa de dos, si son menos se transforma en monólogo, y tras treinta y algún años intentándolo, incluso por Gobiernos de diferente color, ya tenía el Sr. Eguiguren que haberlo comprendido.

No debemos permitir que sota la falacia de democracia se amague el afán de destruir la disciplina, porque entonces entraríamos en algo que Gustavo Bueno no dudaría en calificar de fundamentalismo democrático, y este mal, este virus ideológico, sigue activo en las mentes de muchos políticos. Y no solo con la cuestión del terrorismo, que es palpitante y tremebunda, sino incluso con la organización interna de los propios partidos donde se está reivindicando en muchas ocasiones “democrácia interna”, a costa de romper la disciplina, sin otro resultado que su puesta en peligro, ignorando y transgrediendo las normas que contienen sus propios Estatutos, aquellos que rigen su presencia en el espectro político.

Sin disciplina no hay democracia y sin democracia no hay libertad.
No se puede decir más alto porque está por escrito, ni más claro porque por escrito… está.

El ejercicio democrático es el que realizan los partidos políticos en el Parlamento, en la sociedad, en la calle… pero es peligroso confundir democracia con ausencia de disciplina, es peligroso confundir a la opinión pública con la malhadada idea de que la disciplina implica falta de libertad, porque si al fin no hay disciplina – respeto a las normas emanadas de leyes, de nuestros Estatutos democráticamente aprobados y sentencias constitucionalmente legitimadas – no hay democracia, y sin democracia nunca ha habido ni habrá (con ira o sin ella) libertad.