El “Libre mercadeo” de competencias

Estamos en un momento político en el que resultaría beneficioso recordar a Ortega y Gasset con su España Invertebrada. El nacionalismo había sido y seguía siendo, pues, para Ortega, “particularismo desintegrador.”

En su opinión con las autonomías no se trataba de restablecer situaciones del pasado, sino de rectificar y aprovechar el dinamismo de todas las partes en el futuro común: “no pido la organización de España en grandes regiones por razones de pretérito, sino por razones de futuro” dentro del Estado.

La cuestión de la soberanía para él “significa la voluntad última de una colectividad… la voluntad radical y sin reservas de formar una comunidad de destino histórico… y si hay algunos en Cataluña, o hay muchos, que quieran desjuntarse de España, que quieran escindir la soberanía… es mucho más numeroso el bloque de españoles resueltos a continuar reunidos con los catalanes en todas las salas sagradas de esencial decisión… …por este camino iríamos derechos y rápidos a una catástrofe nacional”.

Es evidente que ese análisis sigue estando vigente cien años después, pero no es menos real la pervivencia de sus consideraciones hacia las responsabilidades de la nación: “Estos defectos son, de nuevo, manifestaciones del particularismo, el madrileñismo y su complementario, el provincialismo. Aquél como expresión de un centralismo que confundía la nación con su centro y se había olvidado de las provincias, auténtica realidad nacional, generando así el peor localismo, el provincianismo”.

Tras las transición política, ya tenemos las autonomías que preconizaba Ortega, pero hoy estoy seguro de que se daría cuenta del pacatismo de unos Gobiernos cegatos, que han confundido tristemente los términos y han contribuido en gran medida a la desvertebración de España y al triunfo de las sensibilidades secesionistas, primero cediendo competencias a las autonomías que, como ahora está pasando en Alemania, debiera haber conservado el Estado español y su gobierno, el de la nación española, como son las competencias en Educación, Sanidad y Justicia, y luego vendiendo al mejor postor a los partidos nacionalistas de los cuatro puntos cardinales trozos de España, trozos de SOBERANÍA, a cambio de votos de estabilidad en las distintas poltronas. Adolfo Suarez se negó y le segaron la hierba bajo sus pies, pero Desde Felipe Gonzalez hasta Rajoy, sin saltarnos ninguno por medio, se ha seguido manteniendo el libre “mercadeo” de trozos de soberanía nacional.

Repito una de las brillantes frases de Ortega, en la España invertebrada: ” Por este camino iríamos derechos y rápidos a una catastrofe nacional”. Ahí vamos.

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