La superficie de la cloaca

Que la superficie de la cloaca siempre esté lisa y opaca. Por Joel Heraklión Silesio.

cloacas del Estado

Cuando en Julio de 1983 tiene lugar el acta fundacional de los GAL suena a bomba por la espalda, lanzada desde una boca de alcantarilla cuando el personal estaba pendiente de la maratoniana declaración de Mario Conde y su corrupción económica. Será un misterio ya vitalicio, como auguraba Vázquez Montalbán en 1994, saber si Amedo y Domínguez crearon aquella crisis por el procedimiento de tirar de la manta, despechados por promesas incumplidas, o si fue el juez Garzón quién les retiró la manta ante la evidencia de tener el culo al aire. Pero eso es lo de menos. Lo verdaderamente cínico es el comportamiento de los portavoces gubernamentales en toda esta amalgama de “asuntos de cloaca”.

 

  • “Tranquilo Luis, aguanta.”
  • El borrado de los discos duros de Bárcenas con desaparición de la causa instruida.
  • El entramado Gürtel.
  • La “herencia” de los Pujol.
  • Los ERE´s a la flamenca.
  • El caso Edu.
  • La operación Púnica.

Y podríamos seguir.

 Esa es la consigna. Que se crea en las cloacas del Estado, que ciertamente existen, es ya de dominio público. En los últimos diez años han sido la comidilla de la prensa, de la TV y de los digitales informativos. Pero yo he constatado la existencia de otra cloaca, no del Estado, pero sí de interés de la cosa pública, cuya superficie se intenta mantener lisa a toda costa y su contenido opaco a toda luminosidad cualquiera que sea su longitud de onda.

Es complejo, ciertamente complejo, porque en este sarao intervienen muchas voluntades, en primer lugar las de aquellos que tienen la capacidad de compra y en segundo lugar las de los que tienen la debilidad de ser comprados, no con dinero, ni con comisiones, sino simplemente por interés promocional, por pertenecer al grupo elitista de quienes parece que se han reservado el derecho de pernada. De esta manera la dirección se garantiza su permanencia bajo el velo de una aparente elección democrática y los súbditos esperan pacientemente a que su fidelidad sea oportunamente indemnizada.

 cloacaEn noviembre de 2013 tuvo lugar la creación del máximo órgano de Gobierno entre congresos de un determinado partido político cuyas propuestas programáticas incluían con especial trascendencia en su ideario: la lucha contra la corrupción y la defensa de la transparencia en la política. El proceso electoral de este nuevo órgano estaba perfectamente reglamentado en los estatutos del partido. En el seno del propio Congreso se procedería a la votación, en listas abiertas, de los 150 componentes del mismo. Hasta aquí, nada que objetar.

Casi a año y medio vista de aquel acontecimiento he podido ir comprobando los efectos de lo que aquel proceso supuso. Cuando se estaban confeccionando las postulaciones para formar parte de aquel órgano intermedio entre Congresos, se me invitó a que formalizara mi propia postulación ([1]) pero nunca lo hice. Carecía, al menos entonces, de razón objetiva alguna para negarme a tal postulación salvo la convicción interna de que quizá otros compañeros estaban mejor preparados que yo para ello y que ésta sería una buena razón para no resultar elegido.

A los pocos días de finalizar el plazo de presentación de solicitudes se confeccionó por cada órgano territorial la lista de los candidatos de entre los cuales habían de resultar elegidos por el Congreso en ciernes el cupo de representación que, dentro de esos 150 compañeros, correspondía a cada demarcación territorial.

Y entonces se me lanzó el dardo. Uno de los componentes de aquella lista y que a su vez ostentaba un cargo de representación territorial me susurró que si lo hubiera hecho (postularme) estaría dentro del cupo que desde la dirección nacional se le había solicitado y que garantizaba que sería tenida en cuenta a la hora de la votación. Sinceramente no me lo creí, consideré que se trataba de mandarme un mensaje,  intentar convencerme de que, por no haber secundado sus proposiciones, me estaba perdiendo la posibilidad de formar parte de aquel órgano de gobierno entre congresos.

El tiempo me ha demostrado cuán equivocado estaba, no era ninguna invención del confidente, las sucesivas decisiones (votaciones) emanadas desde entonces de éste órgano han sido evidentes, resultados aplastantemente mayoritarios a favor de las propuestas (resoluciones) de la alta dirección. Con excepción de la última que se produjo recientemente en que, aunque los resultados han seguido siendo favorables a la cúpula, el porcentaje no ha sido tan aplastante.

Y es que la lucha por mantener la superficie de la cloaca lisa y opaca, parece que está llegando a su fin.

Joel Heraklión Silesio.

([1]) Estatuariamente todo afiliado, al corriente en sus pagos y sin sanciones, puede postularse, sin necesidad de avales, a distintos órganos de Gobierno de este partido, lo que constituye uno de sus signos de identidad y resulta relevante para una auténtica democracia interna.
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