LOS DIABLOS COJUELOS

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EL DIABLO COUELO

Recientemente publiqué un post solo para iniciados, denominado Entre el cáncer y la gangrena en el que me hacia esta pregunta: ¿qué ocurre cuando dentro de un grupo socialmente cohesionado se produce un ataque de gangrena y no se toman medidas o se realiza un diagnóstico equivocado o ni siquiera se realiza tal diagnóstico?

La pregunta quedó en el aire, pero mis conjeturas en torno a ella fueron plasmadas en el propio post.

Pronto se sucedieron nuevos acontecimientos que me incitaron a continuar con las entradas “solo para iniciados” esta vez bajo el título “Camino de Ítaca, a través de Jericó”, parecía que comenzaban a sonar las trompetas de los sacerdotes que habían de producir el efecto de derribar las murallas.

Hoy tengo nuevas noticias de las que deseo dejar constancia en este nuevo post que, aunque no aparece intitulado como solo para iniciados, en realidad continúa en esa línea. Empero a quién no lo sea, le bastará pulsar sobre los links anteriores para ponerse al día.

Si, las trompetas de los sacerdotes siguen sonando, y por cuanto sé lo van a seguir haciendo hasta que todas las murallas dejen franco el paso para que ese grupo “socialmente cohesionad0” pueda continuar adelante con su imparable camino de Ítaca porque, como avisaba en él, en este camino no estoy solo, son muchos más los que lo han emprendido y no pararán hasta alcanzar tan “anhelado destino”.

Ahora la buena nueva consiste en que se está identificando a los diablos cojuelos que venían dedicándose a poner las piedras en el camino, a talar árboles que impidieran el paso y se está incluso procediendo a reconocer a sus autores. Porque son varios los que, sota la excusa de querer lo mejor para el grupo, se dedicaban a intentar destruirlo, cuanto menos a dificultar su avance, son varios los diablos cojuelos que desde distintos frentes, en ocasiones de forma independiente incluso, se han autoconsiderado en posesión de una pretendida verdad que les ilumina para decidir, mas allá de cualquier actitud racional, lo que está bien y lo que está mal. Gritan en lugar de argumentar, difaman en lugar de denunciar, confabulan en lugar de dialogar y se consideran víctimas cuando son los victimarios.

En fin, todo un ejemplo de humanismo, de humanidad quizá, de esa humanidad que nos permite entender que cuando alguien se equivoca es porque resulta humano equivocarse, pero que también nos permite ahondar en el alma humana de aquellos que solo persiguen cautivar las “mentes captas” de quienes se dejan deslumbrar por la luminosidad del iluminado, que no por su lucidez.

Las trompetas seguirán sonando, las murallas se irán derribando, los “iluminados” seguirán siendo encontrados, identificados y evidenciados, puedo asegurarlo, el camino de Ítaca quedará despejado para poder seguirlo con sus atolladeros intrínsecos, sin necesidad de zancadillas domésticas ni de diablos cojuelos. Puedo asegurarlo porque los sacerdotes del Templo siguen su ronda en torno a Jericó, haciendo sonar sus trompetas y, lo tengo que decir, dispuestos a su propia inmolación con el fin de dejar despejado el itinerario.

Recordarán que en el post del Camino de Ítaca explicaba que lo emprendí cuando escuché unas determinadas palabras de una relevante y admirada figura de la política española actual. Pues bien, recientemente ha pronunciado otras que no son de tener menos en cuenta y que paso a transcribir literalmente: “Ante acusaciones gravísimas, si no son ciertas no solamente se tiene que actuar dando una explicación, sino que se tiene que actuar llevando a los Tribunales a quien haya difamado. Y si son ciertas, hay que dar una explicación y asumir la responsabilidad que corresponda”.

Ahí está la clave: si se han producido unos determinados hechos, posiblemente irregulares o censurables, pero cuya autoría se atribuye a quién no los ha cometido, estamos hablando de difamación y algunos de los diablos cojuelos a que alude esta entrada se entregaron de lleno a ello, con gritos y sin argumentos, pidiendo justicia de forma desvergonzada – hay de algunos si estos acontecimientos se hubieran producido algún siglo atrás, tened por seguro que en lugar de justicia hubieran reclamado la guillotina – pero al fin se ha hecho la luz, la verdad ha prevalecido y los diablos cojuelos van siendo capturados, no solo por cojuelos sino también por mentirosos.


[i] El Diablo Cojuelo es un personaje legendario de la tradición literaria castellana utilizado por el escritor y dramaturgo del Siglo de Oro español Luís Velez de Guevara (1579 – 1644). Es un diablo al que se le representa como «el espíritu más travieso del infierno», trayendo de cabeza a sus propios congéneres demoníacos, los cuales, para deshacerse de él, le entregaron en trato a un astrólogo que lo mantuvo encerrado en una vasija de cristal.

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