OIR CAMPANAS

Cuando el 15M tomé contacto mediático con aquella iniciativa “cívica” que se autoidentificó con el acrónimo de la fecha de inicio de su andadura, me invadió una especie de exultante optimismo. De repente vi reproducidos los movimientos de finales de los sesenta en Europa o mediados de los setenta en España. Por fin la juventud volvía a tomar la iniciativa en su sempiterna misión de reformar la anquilosada sociedad vegetativa controlada por sus conservadores predecesores. Porque el conservadurismo no es patrimonio de la derecha, sino de todos aquellos que, instalados en posiciones acomodaticias de las estructuras sociales, económicas, políticas o de cualquier otra índole, tratan de mantener su “statu quo” a toda costa para no perderse el machito.

 Pero aquella euforia me duró poco. Su composición comenzó el camino de su descomposición al contener personas no tan jóvenes que trataron de monopolizar el protagonismo mediático que les proporcionaba dirigirse a todos los que habían tenido la iniciativa. Aseguraban no identificarse con ningún partido político activo, pero lanzaron al aire mensajes que ya habían sido expresados y difundidos, con menos repercusión mediática desde luego, por un partido político concreto de reciente aparición en las canchas electorales. Tras las últimas elecciones locales ya son muchos los españoles que han identificado a este partido, pero para los que aún lo ignoren perfilaré que es UPyD: Unión Progreso y Democracia.

Hablaron de laicidad, de reforma de la Ley electoral, de listas abiertas, de regeneración democrática y abominaron de la corrupción política. Todas estas propuestas ya estaban en circulación desde cuatro años antes, pero la repercusión que su actitud de rebeldía juvenil les imprimió, propició que llegaran a la inmensa mayoría de la ciudadanía como si fueran nuevas.

 Sin embargo estos autodenominados “indignados” – que no son los únicos – se han instalado en su propia actitud, sin saber muy bien qué hacer con ella y por dónde o cómo encauzar tales reivindicaciones para hacerlas llegar a las instituciones. Ahora están corriendo el riesgo de ser fagocitados por “los veteranos del poder” desde alguno de cuyos estrados ya les han ofrecido una maliciosa reforma de la Ley Electoral, a la alemana, ignorando de forma deliberada el Dictamen que el Consejo de Estado ya emitió hace unos años al respecto.

Papa Benedetto

Ahora está a punto de producirse una nueva visita del Papa y han salido de nuevo a la palestra con el malentendido concepto laico del Estado. Vuelven a oír campanas. Hablemos de ello, de la visita de Benedicto XVI.

 Está bien defender un estado laico – yo también lo defiendo, UPyD también lo defiende – distinguirlo de un Estado aconfesional, como es España al presente, pero la laicidad consiste en mantener al Estado al margen de cualquier opción religiosa, respetando a todas por igual, siempre que en sus prácticas no atenten a los derechos humanos, y respetando incluso la falta de adscripción a credo alguno, ya sea por ateísmo o por agnosticismo (que no es lo mismo). Pues bien, ese concepto laico del Estado, esa laicidad institucional debe impedir cualquier pronunciamiento que no respete la libertad de conciencia, jamás debe convertirse en un ataque frontal a una concepción religiosa, sea cual sea y menos aún a la libertad de expresión de pensamiento, tratando de poner en alerta al Ministerio Fiscal de forma premeditada en contra de unas posibles manifestaciones que todavía no se han producido. Esto no es laicidad, esto raya en anticlericalismo, tan nocivo como cualquier otro “anti”.

 Otra cosa es hablar del grado de implicación de las instituciones públicas y del Estado en tal evento. Su financiación por empresas que luego desgravarán estas aportaciones SÍ afecta al erario público y le resta recaudación impositiva. La seguridad, la prevención de riesgos y la vigilancia de las instalaciones, y otros etcéteras que se derivan de los “efectos colaterales” del propio evento, suponen un coste añadido que va a soportar el Estado.

 Pero aún hay algo más: el coste del evento propiamente dicho, su propia o pretendida autofinanciación, adornada con la ingente cantidad de “casullas” que han sido tejidas en oro ex profeso para este acontecimiento dejan en total y absoluta evidencia el desamparo social, económico, sanitario, críticamente vital en que se encuentran infinidad de niños y familias en demasiadas extensiones del mundo, África y no África.

¿Por quién doblan esas campanas?

Joel Heraklion Silesio

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6 pensamientos en “OIR CAMPANAS

  1. Pingback: Articulo Indexado en la Blogosfera de Sysmaya

  2. Justo, te he mandado mi respuesta a tus 2 direcciones de correo que tienes en tu perfil de facebook, ya que en tu blog tan solo sale en negro, y quiero que lo mires y leas tal cual lo he escrito.
    Un abrazo.

  3. Las palabras son amigas, porque primero se hicieron presentes en nuestra mente,
    se oxigenaron y pasaron a la sangre, que al final, movió la mano con gran habilidad y belleza,
    condesando en unos pocos garabatos, palabras que nuestro ojo puede ver y nuestro corazón entiende.

    Allí guardadas en lo mas profundo de nuestro ser, esta toda la vida de cada uno de nosotros,
    …pero aun hay mas…

    Estan todos nuestro sueños, para ser contados,
    toda nuestra verdad, para ser proclamada,
    todas las injusticias, para ser denunciadas,
    todas nuestras miserias, para que al ser compartidas…queden en nada,
    toda nuestra capacidad de amar, para ser multiplicada.

    !Queda tanto por contar…¡

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